El error original

OPINIÓN

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22 oct 2021 . Actualizado a las 19:21 h.

Para entender lo que pasa en España podemos remontarnos a Saavedra Fajardo (1584-1648), que, en su libro Idea de un príncipe político-cristiano, representada en cien empresas, nos propone esta metáfora: «Echada una piedra en un estanque se van encrespando y multiplicando tantas olas, nacidas unas de otras, que cuando llegan a la orilla son casi infinitas, turbando el cristal de aquel apacible espejo». Claro que, antes de Saavedra, ya había hablado de esto, en su Política, el gran Aristóteles: «a veces, aún deseándolo, no se puede corregir el desvío de las cosas, porque, si se parte de un error de principio, ya no se puede enmendar hasta que sus efectos se hayan agotado».

En estas anda hoy Pedro Sánchez, que, tras haberse aliado con UP y Bildu, de los que él mismo había renegado, rompió el espejo del estanque, donde las ondas se suceden con interminable cadencia, y distorsionan todas las imágenes de su política. Y ya no podrá enmendar el error original -versión laica del pecado original- hasta que su mal fario se haya consumado. Porque, aunque sus asesores le dicen que ese problema se soluciona echándole la culpa a la derechona y a los filofascistas, es evidente que este momento de España, donde -Andreotti dixit- «puede pasar todo y lo contrario de todo», y donde -habla Campoamor- «en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira», quienes tiran la piedras al estanque, y hacen saltar las chispas de las muelas de afilar, son los socios de la mayoría de investidura, mientras la oposición se limita a aprovecharlas.

Que se pueden cambiar presos por presupuestos no lo dijo Casado, sino Otegi, que, cuando quiso disimular, ya las ondas agitaban el estanque. Que los indultos son el precio de la estabilidad del Gobierno no lo dijo Abascal, sino su amigo Aragonès, que necesita exhibir sus chantajes, y su colega Rufián, que, con su desafiante «¡denos tiempo!», logró helar la sardónica sonrisa de Sánchez durante tres segundos. El enfrentamiento entre la Mesa del Congreso y el Tribunal Supremo también se lo han cocido sus socios, que siempre ven la justicia a través del embudo. Que ahora andamos a vueltas con la Constitución, para que la mayonesa no se corte, lo dijo el 40 Congreso del PSOE, que, sin que haya sobre la mesa el más remoto consenso, ha decidido situar toda la política al borde del abismo, donde -Sánchez dixit- solo juegan dos alternativas: «PSOE o PSOE». El populismo presupuestario, del que tanto desconfía la UE, también procede de sus socios, que, de pulso en pulso, con motivo de la reforma laboral, de las pensiones, del salario mínimo, de la renta básica, o de nuevas tasas e impuestos, van demostrando que la señora Calviño es una estatua de sal, mientras Yolanda Díaz se queda con todas las subastas y le prepara -¡de ilusión también se vive!- su propia alternativa.