Como una ola

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

Alba Feixas

03 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

No voy a referirme a la celebre y celebrada canción de Rocío Jurado, ni siquiera a los malos augurios de los agoreros que anuncian una quinta ola pandémica. Como ya estamos en julio voy a escribir acerca de los baños de olas de mar que están en el origen del veraneo del norte cántabro. Eran sus efectos terapéuticos los que aconsejaron -después de la epidemia de cólera que asoló Europa- los baños de olas de mar, que cambiaron la fisonomía marinera de las ciudades y los pueblos de la Cornisa Cantábrica a partir de 1874.

Santander y luego San Sebastián dieron el pistoletazo con el que se inauguraba la temporada. En torno al 17 de julio, cuando la reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, acudía al palacio santanderino de la Magdalena. Allí se daba el primer baño en el Sardinero y señalaba el camino a seguir a la alta burguesía inventando la buena costumbre del veraneo en el norte, amparándose en el suave clima del Cantábrico.

Desde Zarauz a Comillas, de Donosti a Ribadesella se afianzó la tradición de los dos meses vacacionales. La mayoría de los bañistas no sabían nadar, y a lo largo de la playa se fijaban unas maromas, unas cuerdas para que los que se adentraban en la mar pudieran agarrarse. Cada una tenía un vigilante y ahí nació la expresión «con ayuda del maromo».