El beso roto de Sara Carbonero e Iker Casillas

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

LECTURAS

21 mar 2021 . Actualizado a las 12:35 h.

Lo decía Miguel Hernández, «el corazón es puerta que se abre y se cierra». Enamorarse, caer en amor, se dice en inglés. El amor es fuego, es llama, es incendio o no es. Iker besó a Sara de forma espontánea delante del mundo en aquel mundial de Sudáfrica. «Madre mía», dijo ella. Fue hace once años. El tiempo hiere. Once años, sí.

El beso es explosión, es el egoísmo en los labios (te amo es me amo). El beso es Klimt, es Rodin, es Doisneau. Es la forma más elegante de estar en silencio. Es una de las maravillas de las personas. Más ahora que se cotizan tanto al tener que esconder las bocas detrás de las mascarillas. Pero el amor es cumbre cuando empieza. Nace en la cumbre. Luego llegan los lunes y los martes, y el túnel de los domingos por la tarde. Dormir poco y mal, y llevar a los chavales al colegio. El apiretal.

Iker y Sara no lo tuvieron fácil. Disfrutaron de los hijos. Son madre y padre, que son los cargos más grandes que se pueden alcanzar. Lo demás es tontería. Pero se les cayó la salud, lo único que importa. La postal del beso de Sudáfrica rota. Ahora sufren el terremoto de su ruptura. Y a personajes públicos como ellos les alcanza el hedor de la desinformación, la insania de la mentira. Que si los audios de Iker a otras chicas. Que si Iker fue un egoísta cuando Sara estaba enferma. Que si el infarto de Iker. Que si Sara no se relacionaba con la familia y los vecinos de Iker en el pueblo del chaval. Que si la nueva novia de Iker, que dice que no es su novia y que en una foto rápida que apareció es como una versión exagerada de Sara. Hay personas que buscan siempre sosias de un ideal que tienen grabado en su sangre.