Tocados, casi hundidos


Esto que les voy a contar es secreto, aunque público. Secreto porque se oculta tras toneladas de irrelevancia: sobrevivimos con decoro porque Europa nos apuntala, pero Europa está tocada.

Nosotros somos Europa. Vilanova es tan Europa como Neustadt. Nosotros los europeos quedamos rezagados. Sin una economía pujante e innovadora, nuestros derechos sociales son escritos en el agua. Enternece vernos pidiendo que se protejan nuestras pensiones en la Constitución. Puestos a constitucionalizar, constitucionalicemos la eterna juventud. Malas noticias: lo único que blinda nuestro bienestar es nuestra superior prosperidad.

En Europa investigamos, pero no nos luce. Así nos va y peor nos irá. Dicho en plata, durante los últimos años China viene patentando bastante más que toda la UE junta. Incluso Corea del Sur ya patenta más que Alemania. La primera firma mundial en número de patentes registradas es Huawei, después Samsung y Mitsubishi. Entre las principales universidades del planeta a la hora de patentar no hay ni una europea. Esta luctuosa información la recopila la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.

En suma, los europeos vivimos de una inercia decimonónica, que recobró fuerzas durante los 30 años gloriosos tras 1945, pero esa dinámica se agota. Nos endeudamos para ir tirando. Enredamos con debates esencialistas, pleitos territoriales medievales y cuitas de patio escolar. Mientras, el vaticinio del singapurense Lee Kuan Yew sobre nuestro ocaso se está cumpliendo. Mr. Lee nos caló: somos epicúreos y dionisíacos, o sea, unos viva-la-virgen.

El gran invento español es el turismo -Paco Martínez Soria, dixit-. Luego están los fondos europeos, libándolos desde 1986 para ser siempre subcampeones del paro durante casi 40 años, tras Grecia, líder en huelgas según la OIT. Por eso vivimos apuntalados mientras lleguen turistas y fondos norteños. Algún día debiéramos ser puntales, pero los actuales van envejeciendo y, sobre todo, van perdiendo eficiencia en lo más vital, en el ingenio. ¡Que inventen los orientales! -aunque no sean demócratas-.

Es hora de cambiar radicalmente. Incluso de estimular a nuestros escasos jóvenes a formarse en las universidades de Shenzhen, Tsinghua o Hanyang. Un día, de oriente vinieron a aprender con nuestros abuelos. Ahora que nos hemos dormido en los laureles, tendremos que enviar allí a nuestros nietos, para aprender a inventar y así tener alguna esperanza de cobrar nuestras pensiones.

Por Manuel Blanco Desar Economista y politólogo, autor de «Fraternidad europea»

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