Messi y la ley de oferta y demanda


La economía de mercado se basa en la ley de la oferta y demanda y el fútbol está inmerso en esta economía global, en la que los jugadores tienen unos salarios que se explican desde esta sencilla ley. A nivel social nos llevamos las manos a la cabeza al escuchar o ver las cifras que se manejan en el fútbol, pero, al mismo tiempo, somos consumidores directos de una de las empresas más potentes que existen en nuestro país (alrededor de 3.000 millones de contribución al PIB). El fútbol maneja estas cifras porque hay consumidores que compran el producto que ofrece. ¿Es justo o injusto? El principio de justicia es muy relativo, pero en términos económicos es muy fácil de entender: si un jugador genera más de lo que cobra, ¿por qué va a estar sobrevalorado? La polémica sobre el contrato de Messi se simplifica si acudimos al famoso punto de equilibrio: un jugador será rentable, en términos económicos, cuando genera más que el gasto que supone para una entidad. Cuando es así, se debe denominar inversión y no gasto. Las claves, en este caso concreto, están en la devaluación del producto o en la situación pandémica en que nos encontramos, que pueden desestabilizar completamente las arcas de una entidad que ha proyectado un escenario favorable y que ahora se encuentra con uno completamente desfavorable. Para saber si realmente se ha alcanzado el punto de equilibrio a día de hoy, si hay una sobrevaloración o infravaloración del producto Messi, tendríamos que conocer todos los datos, directos e indirectos, vinculados a su figura, o que dejara de vestir de blaugrana y, de esta forma, hacer un comparativo. Sin esos datos, solo podemos pensar en Messi como un activo de la empresa FC Barcelona que, temporada tras temporada, tiene un retorno. De una forma u otra, la vida continúa, Messi seguirá siendo un jugador extraordinario, seguiremos consumiendo partidos y disfrutando de sus genialidades, y el tiempo hará que, si existe algún desajuste, poco a poco se vaya equilibrando…

El tema de lo que cobra un jugador como Messi, desde un punto de vista social, puede parecer inapropiado, incluso inmoral. Son difíciles de entender las cifras mareantes en un momento de tanta dificultad socioeconómica. Ante la incredulidad de unos, el pasotismo de otros y la mirada recelosa de muchas personas, se comentan todos los días noticias de esta índole: que si El Rubius se va a Andorra, que si Messi cobra un pastizal, que si el número y el gasto de los políticos es excesivo… Son maniobras mediáticas que nos llevan a evadirnos de la realidad que vivimos, que nos hacen centrarnos en lo que le ocurre a otros, que hacen más grandes las brechas sociales y nos hace tener la sensación de que vivimos en mundos paralelos. Está en nuestra mano darle más o menos importancia a estos temas, relativizar lo que no dependa de nosotros y centrarnos en aquello que es relevante para nuestro bienestar actual y futuro. En conclusión, el problema real es el modelo economicista en el que vivimos, ya que si estuviésemos ante un modelo humanista se resolverían, de forma natural, muchas de estas situaciones que se han generado.

Por Joaquín Dosil Profesor de Psicología del deporte en la Universidad de Vigo y coordinador del servicio de Psicología del Celta

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