La renuncia de un juez


Pocas veces en España se da el caso de que alguien renuncie a un cargo de los considerados buenos. Eso es lo que ha hecho el magistrado del Tribunal Constitucional Fernando Valdés tras ser procesado por el Supremo por un delito de malos tratos en el ámbito familiar. Que nadie crea que el magistrado de este alto tribunal que sea designado instructor va a mirar esta causa con un corporativismo que pueda pecar de benevolente. Muchos malpensantes se estarán montando la película acerca de que ningún juez va a tratar a un compañero como si de un ciudadano cualquiera se tratara. 

Mi experiencia profesional me dice que quien eso piense está totalmente equivocado, máxime siendo investigado por un delito de violencia de género. Los jueces españoles, que, por cierto, no están viviendo su mejor momento por las pretensiones del Gobierno Frankenstein de tenerlos a su entera y total disposición, están especialmente sensibilizados con la lacra de la violencia contra la mujer y, a quien le toque, instruirá este caso con la misma lupa con que instruye los demás. Tenemos un poder judicial cuyos miembros están a años luz, en cuanto a preparación, seriedad y rigor, de buena parte de los miembros de los otros dos poderes. No hay día que no me sonroje cuando escucho a nuestros padres de la patria tirarse los trastos a la cabeza en el Congreso de los Diputados. O a los ministros intentando hacernos creer lo bien que se llevan. Si Montesquieu levantara la cabeza… Prefiero ni imaginarlo.

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