Líbano, la ira tras las cenizas


Es demasiada la desolación, es demasiada la rabia, es demasiada la impotencia, para quedarse de brazos cruzados sentados en la acera llena de polvo y restos de escombros barridos. Cuando ya no hay hogar al que regresar porque ha saltado por los aires o porque la estructura está tan gravemente dañada que, en cualquier momento, puede sucumbir a esas traicioneras microfisuras invisibles en el hormigón, cuando ya no hay trabajo qué hacer porque tu negocio ha sido barrido por una explosión casi atómica, cuando solo puedes esperar en el aparcamiento de un hospital sujetando la mano a tu ser querido a que la poca fortuna que aún queda le permita curarse sin demasiadas secuelas, ya solo queda la ira. Una ira que tiene un único pero numeroso destinatario: la clase política, los lobbies sectarios y, ¿cómo no? el para-gobierno del grupo terrorista chií Hezbollah financiado por Irán y Siria.

Mientras la comunidad internacional liderada por Macron, el presidente francés que no dudó en presentarse en Beirut dos días después de la explosión que barrió del mapa el puerto y gran parte de la ciudad, arbitra un sistema para enviar la tan necesaria ayuda al país sin que pase por las manos de las instituciones corruptas que lo desgobiernan desde hace tres décadas, la población ha salido a la calle a protestar. Y no se ha amilanado ni por el gas lacrimógeno ni por los disparos al aire.

Los libaneses quieren acabar con el sistema sectario implementado en 1943, el denominado «pacto nacional», un acuerdo no escrito que permitió estabilizar el país en sus orígenes y cuya duración iba a ser muy limitada en el tiempo. Quieren un sistema político que permita el acceso a candidatos que no tengan vinculación con ninguno de los tres grandes actores históricos: los cristianos maronitas, los suníes y los chiíes. Pero, sobre todo, quieren que todos los «corruptos» dejen el poder tanto en el gobierno como en la sombra y permitan el acceso de gente «limpia» para reconstruir su país. Cómo hacerlo sin que las pocas infraestructuras que aún existen sucumban, eso es lo que está por determinar.

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