El ornitólogo de Cariño aislado por el hantavirus, de vuelta 71 días después: «Ya estoy en casa, esperando que pasen estas dos semanas»

A. F. C. CARIÑO / LA VOZ

CARIÑO

Ricardo Hevia con otros compañeros en un viaje anterior.
Ricardo Hevia con otros compañeros en un viaje anterior.

Salió de su pueblo el 29 de marzo, ha estado cuatro semanas ingresado en el Hospital Gómez Ulla y pasará otros 14 días de cuarentena en su domicilio

08 jun 2026 . Actualizado a las 17:31 h.

«Ya estoy en casa, estoy bien, esperando a que pasen estas dos semanas», comentaba esta mañana Ricardo Hevia, el ornitólogo de Cariño de 50 años que salió de su pueblo hace casi dos meses y medio rumbo a Argentina para participar en una expedición por la Antártida y las islas del Atlántico Sur. Y acabó aislado en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid, junto a otros 13 pasajeros, durante cuatro semanas, debido al brote de hantavirus que se registró en el buque en el que viajaban, el MV Hondius. Solo una persona permanece ingresada en el centro hospitalario, uno de los dos únicos casos confirmados de hantavirus (el primero ya recibió el alta médica). Los demás pueden continuar la cuarentena en sus domicilios hasta completar los 42 días que establece el protocolo. «Nos alegramos de que ya esté aquí y tenemos ganas de verlo por la calle», remarcaban este mediodía unos vecinos. 

Hevia partió de Cariño el 29 de marzo y se subió al buque rompehielos el 1 de abril, el día que zarpó desde Ushuaia (Argentina) para iniciar un apasionante recorrido por lugares remotos, un auténtico paraíso para los apasionados de la ornitología. Este pajarero se inició en la ría de Ortigueira en la observación de aves, con otros dos amigos adolescentes, y lleva años explorando el planeta. En el 2013 tuvo la oportunidad de ver los primeros pingüinos en Nueva Zelanda, y en el 2015 viajó al Ártico con otros amigos con los que comparte afición. Esta pasión le ha llevado a Finlandia, Marruecos, Estados Unidos, Madeira o Alaska (en 2019, atraído por un pato, el eider de Fischer [o de anteojos]). Sin dejar nunca de pisar de manera regular Estaca de Bares y, por supuesto, su querida Serra de Capelada.

En la ruta por la Antártida, en el 2015, aparte de las ocho especies de pingüinos, las seis de albatros y los petreles que tuvo ocasión de observar, igual que los cetáceos, le impresionaron especialmente los icebergs. «El primero lo vimos navegando de Georgia del Sur a la Antártida, había alguno de diez millas de largo», contaba a la vuelta. Desde el barco, gracias al telescopio y los prismáticos, herramientas esenciales de un ornitólogo, pudo contemplar cómo se alimentaban los pájaros en mar abierto, a más de 500 millas de tierra.

En el reciente informe elaborado por el ornitólogo, divulgador y escritor coruñés Antonio Sandoval sobre el seguimiento de aves oceánicas desde el observatorio de Estaca de Bares, Hevia figura entre las personas que colaboraron en la revisión «de los sucesivos borradores». Además de formar parte del equipo de voluntariado que permitió registrar los datos en los que se sustenta el documento Alas Oceánicas, fruto de la colaboración del Concello de Mañón, el Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia (Ceida) y SEO/BirdLife. Entre las numerosas contribuciones de este cariñés al estudio ornitológico está la identificación, en 2015, de la gaviota de Ross, Rhodosthetia rosea, vista por Juan Carlos Epifanio y Antonio Fernández Cordeiro en la ciudad de Pontevedra, y que mereció el Premio Raro 2015 a la mejor observación del año.