Que el presidente de Brasil, defensor irresponsable del libre hacer ante el covid-19, haya sido infectado apenas supone que el desprecio a las recomendaciones científicas y sanitarias tiene sus lógicas consecuencias. Más allá de la suerte o las particularidades de cada uno.

Si no hubiéramos asistido, durante estos cuatro meses de pandemia y confinamiento, a todo tipo de regueifas y desprecios políticos estomagantes ante las actuaciones, duras para las personas y erróneas o acertadas para controlar la pandemia, podríamos comportarnos con responsabilidad ciudadana ante la situación derivada del cese de estado de alarma y la asunción plena del Gobierno autonómico de sus competencias de salud pública y sanidad. Donde ya no existe margen para culpar a otros de los males que nos suceden.

Los nuevos brotes responden a un comportamiento social irresponsable, más que a hipotéticas mutaciones del virus. Comportamiento más en línea con los discursos de Trump o Bolsonaro que con las prédicas del ministro Illa o del médico Fernando Simón. O también con las de la Organización Mundial de la Salud indicando que no es suficiente con lavarse las manos -responsabilidad individual-, sino que es necesaria una estrategia integral, propia de los gobiernos. Son ellos quienes pueden desarrollar una estrategia de salud pública, que vaya más allá de mejorar la atención primaria, o aumentar los test de diagnóstico e incluso la capacidad hospitalaria. O lo que es lo mismo estrategias para detectar y contener brotes, que más allá del sistema sanitario, atienda a una población sin residencia permanente o en malas condiciones de habitabilidad, sin centros de salud de referencia y que necesite del jornal diario para sobrevivir. Situaciones que en los brotes más activos del Segrià leridano o de A Mariña galaica, pueden ser relevantes, más allá de la irresponsabilidad individual.

Los penúltimos datos del ministerio, datos que han evidenciado las deficiencias de las administraciones y gobiernos autonómicos, indican que los nuevos casos han pasado de los 78 del lunes a los 250 del miércoles. Si esta progresión se mantiene, y no se toman las medidas adecuadas, la expansión del brote está asegurada. Como viene sucediendo en Estados Unidos, Brasil o Arabia Saudí. La diferencia respecto al inicio del estado de alarma, además de la menor mortalidad, es que la mitad de los contagios son de personas de menor edad. Lo que incrementa la capacidad de propagación del virus dado que una gran parte son asintomáticos, y por tanto su seguimiento es incontrolable excepto con medidas de higiene social.

Las medidas tomadas ante los brotes de A Mariña lucense se encuentran trufadas por unas elecciones al Parlamento, y sus intereses que condicionan las actuaciones del Gobierno de Feijoo, siempre en busca de minimizar el impacto electoral en A Mariña y en Galicia. Medidas que nos llevarán a días de incertidumbre. ¿Por mucho madrugar?

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