Galicia volve» es el lema/invitación de la campaña turística de este verano convulso y amenazado por brotes y rebrotes del virus que no cesa. En 1968, se estrenó una película dirigida por Pedro Lazaga: Vente a Alemania Pepe, que pese a la liviana critica a la emigración española al país germánico, incidía de lleno en la campaña del Gobierno alemán por incrementar el contingente de los 170.000 españoles que trabajaban dentro de sus fronteras. Y lo consiguió completando el cupo de 90.0000 nuevos trabajadores procedentes de la emigración española.
«Galicia volve», pretende estimular la elección del destino turístico, Galicia, para este verano que ya se instaló en el calendario de los viajes veraniegos. Está un poco alicaída Galicia como destino. El miedo es libre y un viento previo al pánico prendió en los hogares españoles asustados por el exceso de información con que nos bombardean y que consiguen atemorizarnos, anulando reservas hoteleras y cancelando vacaciones. No son suficientes las 986 playas del litoral gallego ni los dos millones de hectáreas de bosques para convencernos de que Galicia es el lugar elegido y deseado.
No resultan convincentes los mensajes del presidente Feijoo señalando que Galicia «os espera y os quiere», ni siquiera cuando dice que «no son visitantes, son parientes», tras dejar caer previamente que existió en otro momento una suerte de «cordón sanitario» que apuntaba a «los madrileños» como portadores del coronavirus contagiante.
No ha sido así y bien están los mensajes que bien acaban en positivo, máxime por como Galicia fue capeando el temporal de la pandemia con excelentes resultados que han conseguido que en las tres últimas semanas no haya habido fallecidos en la comunidad ni ingresos en las uvis.
Y claro que volveremos, siguiendo el consejo sénior de Benedicta Sánchez, ganadora de un Goya por la película O que arde, y volveremos porque nada ni nadie puede evitar que nos emocionemos al contemplar el paisaje de las rías, ni suprimirnos las noches de tibiamente cálidas, ni el paseo sosegado a orillas de la mar. Volveremos para reivindicar una tierra «do seu verdor cinguido» como en el himno patrio, para dejar acariciarnos una mañana con el orballo perezoso, para habitar temporalmente un país este año sin romerías ni orquestas festeras, ni siquiera con los fuegos artificiales que ponen fin a las verbenas. Volveremos porque sí, porque muchos de nosotros, gallegos de nación, amamos Galicia por encima de todas las cosas, por eso le damos vuelta a la frase y escribimos volve a Galicia. Galicia volve.