Alcoa, cómo se llegó hasta aquí y qué nos espera


En los tres últimos años la planta de Aluminio de Alcoa en A Mariña acumuló 165 millones en pérdidas. La planta de Alúmina era la joya de la corona, el oro blanco se decía, pero el pasado ejercicio también acabó en números rojos. Ya nada es lo que era. Estiman que ambas plantas concluirán este 2020 en negativo. En este momento sobrevino además la tormenta perfecta: el coste elevado de la energía aquí, la sobrecapacidad de aluminio -en parte porque China produce el 60 % del aluminio en el mundo y hunde el precio-, y un mercado europeo paralizado por la pandemia. Y se llegó al límite. Un problema además de calado, estructural.

Desde la multinacional del aluminio lo venían advirtiendo desde hace casi año y medio: «No es viable producir aluminio primario con este precio de la energía. Necesitamos un marco estable». De tan repetitivo sonaba a estribillo de canción; a amenaza que nunca se iba a cumplir. A medida de presión.

En los primeros días de marzo Alcoa decidió parar seis o siete cubas cada mes en el departamento de electrólisis, en la planta de Aluminio. Decían que era una medida temporal, pero había quienes lo veían como una silenciosa cuenta atrás. Y así fue, pero solo contaron hasta tres. La medida ya ha tenido consecuencias directas en las empresas auxiliares de Alcoa con 43 trabajadores en ERTE. Nada, comparado con lo que puede suponer este anuncio de despido colectivo; las auxiliares suman casi 800 empleados y dependen de la fábrica madre.

En Alcoa lamentan que el Gobierno no haya dado ninguna señal «de que algo va a cambiar». Y esto va, ha ido, de señales.

Pero hay que tratar de mirar al frente, de pelear por lo que aún se tiene. No es el fin definitivo de Alcoa en A Mariña. Lo decían ayer desde la empresa y lo resaltaban, enérgicos, los representantes de los trabajadores. Hay que negociar todavía, hay margen. Y se espera al Gobierno y a la Xunta. Y hay que pensar, sobre todo, que la costa de Lugo tiene futuro.

Es verdad que la planta de Alcoa aporta el 33 % del Producto Interior Bruto (PIB) de la provincia, pero una zona privilegiada que tiene mar, que posee tierra productiva -con las mejores granjas reconocidas de España- tiene futuro: no es pobre. Y A Mariña tiene dos de los principales puertos del Cantábrico; un potente sector de la madera y mucho margen todavía para crecer en el sector del turismo.

Hundidos nunca.

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