El COVID-19, la uvi y el mir


La pandemia que nos aflige está poniendo de manifiesto algunas imperfecciones del sistema de siglas del español. Formadas con las iniciales de un sintagma pluriverbal, en principio se escriben enteramente con mayúsculas, correspondan tanto a un nombre común como a un nombre propio: ERE (expediente de regulación de empleo), SUP (Sindicato Unificado de Policía).

Las siglas de expresiones denominativas de carácter común y que pueden pronunciarse por sílabas se integran fácilmente en el sistema morfológico, convertidas en sustantivos. Esa lexicalización culmina en su escritura con minúsculas. Las UVI son hoy las uvis, con una marca de plural que no podían permitirse cuando se escribían con mayúsculas.

Pero estos días nos encontramos una y otra vez con siglas y acrónimos como ERE y ERTE, con distinto tratamiento que uci y uvi. ¿Cuándo se considera suficientemente lexicalizada una abreviación como estas para que pueda escribirse con minúsculas? Los ERE y los ERTE no han venido con el COVID-19. Han dado mucho de sí durante muchos años y tuvieron, sobre todo los primeros, épocas de gloria durante la crisis que se abrió en el 2008 y de la que aún no nos habíamos recuperado por completo. ¿Quién ha de decir que ha llegado el momento de hablar de los eres y los ertes, trasladando a lo escrito lo que se emplea en el español hablado?

En general, para dar ese paso suele esperarse a que mueva pieza la que limpia, fija y da esplendor. Pero a veces parece que es la Academia la que espera a que el gesto llegue de la calle. Si nadie hace nada, las imperfecciones del sistema asoman. Sin salirnos del mundo hospitalario, se ven con algunos profesionales. Todo el mundo sabe de los médicos internos residentes, denominación que se abrevió en la sigla MIR. Esta se lexicalizó y se convirtió en mir, la forma que aparece en el Diccionario. Pues bien, en ese mundo han surgido otras siglas similares, como FIR (farmacéutico interno residente) y PIR (psicólogo interno residente). Al contrario que mir, estas no están lexicalizadas, por lo que deben escribirse con mayúsculas. Pero cuando unas y otras aparecen juntas, algo rompe la uniformidad del cuadro: son los mires, los FIR y los PIR.

El último lío ha llegado con un COVID-19 tan cargado de mayúsculas que muchos atajan y le dan aspecto de nombre propio, Covid-19. ¿Vamos a esperar a la próxima pandemia para convertirlo en covid-19?

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