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OPINIÓN

ANDREA FASANI

25 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La epidemia del coronavirus ha dado lugar, este último fin de semana, a la suspensión por el Gobierno italiano de cuatro partidos de la primera división del fútbol en Turín, Milán y Verona, al mismo tiempo que en Venecia el patriarca monseñor Francesco Moraglia, aplicando la orden de las autoridades de la región del Véneto, ha prohibido los actos litúrgicos, donde hay una importante presencia de fieles, como ocurre en las misas y, sobre todo, en la imposición de la ceniza el miércoles en que se inicia la Cuaresma. También se han suspendido las visitas al Duomo, las representaciones del teatro La Scala y la Semana de la Moda de Milán donde el diseñador Giorgio Armani y la modista Laura Biagiotti decidieron transmitir por vídeo los desfiles de sus nuevas colecciones; para rematar de nuevo en Venecia donde su fastuoso Carnaval también ha sido anulado. Si en un país donde hay tanto culto al fútbol, tanta devoción religiosa y tanto entusiasmo y dedicación a sus enseñas tradicionales se toman estas medidas, todos los ciudadanos europeos debemos asumir que estamos ante una situación sanitaria extremadamente preocupante.

Por otra parte, en una importante zona del norte del país han cerrado colegios, y puntos de reunión como cines, discotecas, museos, teatros y centros deportivos, en un intento de evitar el contacto entre personas que pueden contagiarse a través de las secreciones respiratorias y de las manos. Todos sospechan del vecino. La situación se complica en las zonas con enfermos y personas contaminadas ya que, en ellas, la población debe ser «estabulada» sin posibilidad de abandonar el territorio ni de regresar si, por alguna circunstancia, hubiesen tenido que alejarse de la zona. Esas áreas de cuarentena, a pesar de su crueldad con los habitantes muertos de miedo, son imprescindibles para evitar la diseminación exponencial de la enfermedad.

Lo preocupante del tipo del coronavirus COVID-19, de la ciudad china de Wuhan, es que puede provocar, en algunos pacientes, una forma de neumonía con insuficiencia respiratoria grave. Se sabe, como ocurre con otros de estos virus, que emplean como reservorios a animales como los murciélagos, pero su procedencia real y sus mecanismos de actuación tan contagiosos están siendo investigados, contrarreloj, en la búsqueda de las mejores armas para la prevención y tratamiento de los enfermos. De estos, los que tienen una inmunidad disminuida, como pacientes con cáncer o con patología pulmonar crónica, pueden evolucionar peor tras el contagio.