Hay días en los que da la sensación de que todo ha terminado y la vida se llena de grandes titulares sobre esta y aquella adaptación. Y anuncian que Macondo cobrará vida. Pero ay, es que cien años de soledad es un siglo entero para ir levantando tantos Macondos imaginarios... Hay días en los que da la sensación de que hemos rebañado el fondo del bote y ya nadie es capaz de crear. Y los catálogos se llenan de grandes nombres como Elcano, porque la realidad siempre supera a la ficción y quién quiere inventar cuando puede adaptar. Hay días en los que parece que todo ha terminado, que nos hemos lamido de los dedos las últimas gotas de pegajosa genialidad, ese impulso que te saca de la ducha para apuntar lo que tu mente ha sacado a lavar. Y corres con el champú picándote en los ojos porque si el jabón la arrastra, esa idea no va a regresar jamás. Y te asaltan cien mil ventanas con textos rimbombantes que anuncian que hay que seguir sangrando esa idea genial engarzada en el Lejano Oriente que había cuajado en la mejor metáfora de la lucha de clases que el cine haya podido montar. Hasta el punto de que a la gran industria no le ha quedado más remedio y darle el óscar por partida doble. Hagamos una serie, porque esta gallina de los huevos de oro no se puede dejar escapar. Una y otra vez la misma idea. Qué ironía que se titule Parásitos la obra maestra que ahora todos quieren parasitar.