La derecha llega tarde otra vez


La derecha siempre llega tarde. La historia se repite. Es un déjà vu. Se opuso al divorcio, al aborto, al matrimonio entre personas del mismo sexo y ahora a la eutanasia. Es un patrón que se reproduce desde 1981, cuando se llamaba Alianza Popular, hasta nuestros días. En este largo período ha sacado todo su arsenal para tratar de revertir esas leyes: manifestaciones en la calle junto a los obispos, recursos al Tribunal Constitucional, durísimos alegatos. Siempre en la línea que marca la moral católica. Pasados los años, cuando ve que las medidas son irreversibles y gozan de un mayoritario apoyo social -menor en el caso del aborto-, el PP las asume como si fueran propias y algunos de sus destacados dirigentes las utilizan en sus vidas privadas. Los casos más emblemáticos son los de Álvarez Cascos, divorciado tres veces, o de Maroto, a cuya boda acudió Rajoy, que diez años antes había recurrido ante el Tribunal Constitucional la ley que le permitía contraer matrimonio. Con la eutanasia, que la semana pasada empezó a andar en el Congreso, sigue el mismo guion. En el debate parlamentario, su portavoz Jose Ignacio Echániz llegó a decir que se trata de una especie de «solución final» para ahorrar costes. Imposible decir una barbaridad mayor. ¿O es eso lo que hacen en Holanda, Bélgica, Canadá, Suiza, Japón, Alemania o varios estados norteamericanos donde es legal o se permite el suicidio asistido? Leyes como las del divorcio y la eutanasia, que gozan de un gran consenso social favorable, han homologado a España con los países más avanzados del mundo o incluso la han situado a la vanguardia, como en el matrimonio homosexual. Mi pronóstico: el PP acabará asumiendo también la eutanasia. Tarde, como siempre.

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