Almodóvar toca la gloria

Susana Acosta
Susana Acosta VIS A VIS

OPINIÓN

Vaya por delante que no soy una fan incondicional de Almodóvar. Hay películas de él que me fascinan y otras que me dejan tibia. Pero los genios son así. Imperfectos. Y por eso me gusta Almodóvar, porque siempre es fiel a sí mismo. No sé qué es lo que más me entusiasma en Dolor y Gloria, que el manchego haya decidido mostrarse en la peor etapa de su vida, en el dolor después de la gloria, o la magistral interpretación de Banderas. El malagueño acaba de hacer el papel de su vida. Nadie podría hacerlo mejor que él, pero esa sutileza interpretativa, esa ausencia expresiva, esa contención de las emociones a la que le obliga el personaje, esos silencios, tienen mucho más mérito que el llanto incontrolable o la risa histriónica de otros papeles. Durante toda la película te olvidas de Banderas y solo ves a Almodóvar.

Pedro podía haber mostrado sus luces, que también hay muchas, pero ha decidido airear sus sombras, esas que aún le pesan en el corazón. Unas sombras que quiere echar a lavar al río donde las lavanderas de su pueblo clarearán. Y esa desnudez no puede dejar de ser premiada. Una autobiografía tan íntima, tan valiente y tan bella a la vez, con una fotografía tan cuidada, que se merece, al menos, dos goyas y un óscar. Esta es mi quiniela porque esta película es más Almodóvar que nunca. Y si te gusta el manchego, aquí toca la gloria.