Cuidarse de la autocomplacencia


Los datos referidos al crecimiento de nuestra economía pueden llevarnos a un engaño. Nuestra tesis es muy simple: en la actualidad se usan mal los recursos disponibles. A pesar de que las reformas estructurales pueden llegar a generar beneficios iniciales, el sector industrial no ha llevado a cabo, en los últimos años, una plena actualización de sus procesos acorde con la aceleración tecnológica tanto en las plantas de producción como en la organización de sus empresas. Quizá, Galicia ha caído en la misma trampa que atrapó a otros países (Japón, Malasia, México, Tailandia o Perú) muy centrados y exigentes en recuperar un crecimiento como sea; y no siendo conscientes de la realidad en la que se inserta y se desarrolla.

Por eso, llaman la atención los datos referidos a la productividad y a la redistribución. Ambos siguen ritmos no deseables. De una parte, la productividad de la industria manufacturera gallega está por debajo del promedio regional; en tanto que la española se sitúa por encima. O sea, Galicia registra un menor ratio de competitividad respecto a sus competidores. De otra parte, las desigualdades económicas, sociales y territoriales en Galicia se agigantan; generando mayor concentración y polarización en lo tocante a la población, rentas y empleo en las zonas costeras más que en las interiores y rurales.

Por eso, cuando escuchamos enorgullecernos de la tasa de crecimiento económico de Galicia (e incluso, de España) estamos obviando ciertas cuestiones relevantes. Por ejemplo, asistimos a una pérdida del ritmo de inserción e integración con la economía global; nos desacoplamos de las tendencias emergentes; y registramos un des-acompasamiento en lo tocante a los flujos comerciales; cada vez más fragmentados, ya sea en lo tocante a los procesos, ya sea en sus componentes. Es decir, nos alejamos de la nueva configuración de las cadenas globales de valor. Galicia está dejando de resituarse en ese comercio bilateral tan enraizado en las cadenas de suministro, con lo que se atisba una tendencia divergente en relación al comercio exterior y, paralelamente, un desacople en lo que concierne tanto a la captación y desvíos comerciales como a la atracción de inversores y capital.

La consolidación de una nueva estructura del comercio mundial (conformada por una proliferación de múltiples plataformas de producción con elevados niveles de conectividad entre ellas) podría dejar fuera a Galicia del tablero internacional. Si no apostamos por la mencionada inserción mundial podríamos sufrir una nueva marginación geográfica y una progresiva deslocalización productiva. En suma, el riesgo es máximo, pues quedaríamos fuera de los circuitos, lo que significa retroceder en los niveles de accesibilidad y conectividad.

Debemos, pues, cambiar de pautas de crecimiento. Hasta entonces, nuestras acciones se dirigían únicamente hacia la exportación. Ahora, debemos pasar a plantearlas bajo una estrategia diferente: la de formar parte de cadenas de suministro internacional. Es decir, apostar por re-direccionar nuestras plataformas de producción, que sean capaces de captar capital y de aprovechar la inversión en I+D+i. Con ello, también podríamos recibir población y recuperar la senda demográfica.

?Si no apostamos por la inserción mundial podríamos sufrir una nueva marginación geográfica y una progresiva deslocalización productiva

Por Fernando González Laxe Ex presidente de la Xunta de Galicia

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