La inacción de un Gobierno


Quien tiene poder sabe que la silla del poder está electrificada, y es para valientes. En España está sucediendo que el eterno Gobierno en funciones se está convirtiendo en un desgobierno. La inacción es su medida más destacada. Solo hay declaraciones, pero los hechos entierran esas buenas palabras. La hemeroteca de La Voz está llena de enternecedoras frases sobre lo mucho que el Gobierno central iba a hacer por As Pontes. Todas ellas se han ido al garete en veinticuatro horas. Como cuenta mi compañera Beatriz Couce, adiós a ocho décadas de producción en una villa de vocación energética. No hay Ejecutivo en Madrid ni representantes del mismo en Galicia a la altura de lo que está sucediendo, que es el drama humano de muchísimas familias, aquí y en Almería. Les da igual que sea Navidad. Cualquier momento es bueno para mirar hacia el único sitio que pretenden mirar, que es Cataluña. En Galicia a lo que está sucediendo se llama desfeita. Pero es que hay más síntomas de la ausencia total de regidor en Moncloa. Las pensiones. La subida del sueldo de los funcionarios. Todo al albur. ¿Se imaginan que un alcalde hiciese tal dejación de funciones? Sería el caos. Menos mal que en España tenemos un funcionariado ejemplar que mantiene el país en pie. Son los empleados públicos y no los políticos los que sacan las castañas del fuego del día a día. Pero hay más. Renfe se bate en retirada en Galicia. Le llaman modernización. Pero ha cerrado la venta de billetes en Ortigueira, Sarria, Burela, Viveiro, O Carballiño, Ribadavia, Guillarei y Redondela. Lo local no es importante para los estadistas de Madrid y sus propios de aquí. Le llaman modernización, pero lo que sucede en realidad es que se lleva por delante la cercanía, el calor. No es el único problema que circula por las vías. Está el AVE, que, como cuenta hoy Pablo González, está a punto de sobrepasar los míticos plazos que nunca se cumplieron ni se cumplirán. Como tampoco será un AVE lo que tengamos los gallegos cuando al fin nos podamos subir a esos fantasmagóricos vagones. Otra vez encontramos un derroche de tinta en la hemeroteca de políticos del Gobierno central y de sus lugartenientes aquí con palabras que se les lleva el viento de la realidad. La gobernabilidad de un país no puede ser un sudoku imposible de hacer ni un tetris a gusto de catalanes, vascos, vecinos de Teruel, canarios y anchoas del simpático cántabro. España se merece más. Los ciudadanos nos merecemos más. A los trabajadores y a sus familias de Endesa no se les paga con contradicciones, verdades que se caen a los dos días, mentiras de tres cuartos. Y todo lleva al mismo lugar: no hay nadie en Moncloa ni se le espera. Gobernar es algo más que nombrar un consejo de ministros bonito con un astronauta.

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