Cuando aparece la cinofobia

Eduardo Martínez Lamosa FIRMA INVITADA

OPINIÓN

RAMON LEIRO

05 sep 2019 . Actualizado a las 09:16 h.

Las fobias específicas son uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes en la población. La cinofobia, o fobia a los perros, es un tipo de fobia animal que hace que quien la padezca experimente un elevado malestar cuando se encuentra cerca de un can, incluso aunque este sea inofensivo. Es perfectamente normal sentir cierto grado de temor ante un animal que pueda parecernos amenazante, como un perro de gran tamaño o catalogado como potencialmente peligroso. Pero una fobia, a diferencia de este miedo instintivo, es una reacción de temor tan desproporcionado que termina afectando de manera persistente, repetitiva y grave a la vida de la persona que la sufre. De forma característica, esa persona experimentará síntomas de ansiedad (sudoración, temblores, aceleración del ritmo cardíaco y de la respiración, etcétera) y hará lo posible por escapar o evitar aquellas situaciones en las que perciba que no tiene ningún control. En los casos más extremos puede llegar a sufrir un ataque de pánico.

Lo más habitual es que se origine tras haber vivido directamente una experiencia negativa con un , pero en ocasiones puede desarrollarse al presenciar el ataque del animal hacia otra persona, o incluso después de haber recibido determinada información que nos lleve a asimilarlo como amenazante.

Esta fobia puede pasar desapercibida para la mayoría de la sociedad, pero suele suponer un gran sufrimiento para quien la padece ya que la probabilidad de cruzarse con un perro cuando nos desplazamos por la ciudad es muy alta. Por ello, la persona con cinofobia tiende a no acercarse a zonas como parques y paseos públicos, y puede llegar a negarse a visitar a familiares o conocidos que tengan estas mascotas en sus casas.

La cinofobia, al igual que otros tipos de fobias, no suele solucionarse por sí sola, sino que requiere la intervención de un profesional de la salud mental. Las formas de terapia basadas en la exposición constituyen las estrategias que han mostrado mayor eficacia: estos tratamientos, que pueden adoptar múltiples y variados formatos (afrontamiento en vivo, en imaginación, mediante realidad virtual o aumentada, etcétera), comparten el objetivo común de ayudar a la persona a enfrentarse de manera directa y gradual a aquello que teme. En estos casos, la labor de los profesionales de la psicología es la de acompañar a la persona con fobia durante este proceso, así como proporcionarle la información y los recursos que necesite a medida que esta vaya superando su miedo.

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