Quién es Dominic Cummings, el cerebro oscuro del «brexit», y el que ha montado todo este lío

Personaje hasta ahora en la sombra, su historia ha sido contada por HBO en una película interpretada por Benedict Cumberbatch. La decisión de Boris Johnson de nombrarlo asesor personal lo ha situado en el centro de la diana

Reuters HBO

Philip Lee este martes se cambió de asiento. Si hubiera sucedido en su salón, la cosa no habría tenido importancia, pero lo hizo en el Parlamento británico. Abandonó la bancada tory para pasarse al Partido Liberal Demócrata. Y se lio. Boris Johnson sin mayoría. Lee acusó a Johnson de recurrir a la «manipulación política, a la intimidación y a las mentiras». En este punto exacto entra en escena Dominic Cummings, cerebro oscuro que cocinó la campaña del brexit y mano derecha del primer ministro. Gracias a Facebook y Cambridge Analytica, encontró un filón, los británicos que no votaban y que rumiaban sus amarguras por lo bajo. Les administró vía redes sociales los mayores bulos que estuvieran dispuestos a tragarse. Difundió, con gráficos, que Turquía estaba a punto de entrar en la Unión Europea y que, cuando esto ocurriera, 76 millones de turcos emigrarían al Reino Unido (es decir, todos). Vendió al público que el portazo a Bruselas supondría un extra de 350 millones semanales para el sistema de salud nacional (NHS). La historia la cuenta HBO en la película Brexit, interpretada por Benedict Cumberbatch. En la cinta, el protagonista dice: «Todo el mundo sabe quién ganó. Pero no todo el mundo sabe cómo». 

Si la gente no se entera, que espabile. Cummings es muy de Darwin para lo que le interesa. Fue asesor de Michael Gove cuando este estaba al frente del Ministerio de Educación. Entonces escandalizó al personal al asegurar que el 70 % del rendimiento escolar de un niño se debe a la genética, por lo que el Gobierno desperdiciaba millones de libras en casos perdidos. Tuvo que irse. Se vengó de los críticos con el brexit, la obra cumbre de su vida. 

«Cummings, nuestro primer ministro», repiten los europeístas para señalarlo públicamente. Un tipo elegido por Boris Johnson, que a su vez es un señor al que le han votado 92.153 personas. La mayor paradoja es que Cummings ideó el lema del leave: Let’s take back control (recuperemos el control). A los votantes no se les ocurrió pensar que esa frase al final de todo solo sería aplicable al propio Cummings y a Boris Johnson. Ellos sí se han hecho con el control. Hasta planificaron un apagón del Parlamento británico. Si esto sucediera en España, Grecia o Portugal sería una evidencia más de nuestro indomable espíritu bananero. 

El brexit es la obra cumbre de su carrera. El algoritmo guiando al pueblo. Él mismo le dedica sesudos análisis a la campaña en su blog, donde no faltan referencias a su admirado Von Bismarck y que destila una mezcla entre falsa modestia y desprecio, lanzando datos, tendencias e ideas como si no tuvieran consecuencia en la vida real, como si jugara con barquitos. En realidad, ese pueblo británico que en gran parte se creyó el elegido, que pensó que se había puesto a los mandos de su propio destino en aquel referendo, fue el conejillo de indias de un experimento a gran escala, un sparring para el gran combate, el de Donald Trump en Estados Unidos. 

Cummings tiene un gran problema. Pisa terreno desconocido. Ha pasado de estar entre bambalinas al centro del escenario. Y hasta ahí llegan los tomatazos sin intermediarios. No es lo mismo pelearse en un equipo de campaña de los presuntos perdedores que purgar a los traidores en el entorno de Boris Johnson recurriendo a policías armados (literalmente). En toda conspiración es mejor manejar los cuchillos de forma silenciosa que hacer ruido que manejar la olla exprés en plena ebullición. El genio ha perdido su gran baza, el mayor engaño del diablo es hacernos creer que no existe. Ahí está. Este lío monumental no lo ha montado el diputado Lee. Tiene otro nombre. Dominic Cummings.

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Juan Francisco Alonso
Johnson recibió a trabajadores de la sanidad, tras participar en el debate de la Camara de los Comunes
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Un diputado conservador se pasa a las filas de los liberaldemócratas. Una mayoría de los diputados ha votado a favor de una moción que deja al Gobierno sin el control de la agenda parlamentaria, primer paso para aprobar una ley que evite que Johnson pueda ejecutar un «brexit» sin acuerdo

 

De nada valieron los llamamientos a la cerrar filas que lanzó a sus colegas conservadores un día antes. El primer ministro británico, Boris Johnson, perdió este martes la pírrica mayoría parlamentaria que sostiene a los tories en el número 10 de Downing Street; y además la potestad de que su Gobierno fije la agenda del Parlamento, permitiendo así a la oposición impulsar la ley impida la salida abrupta del país de la Unión Europea (UE), el próximo 31 de octubre. 

Los dos golpes los sufrió el premier en la primera sesión en la Cámara de los Comunes tras su asueto estival. Durante la tarde Johnson vio esfumarse el crucial escaño que le daba la mayoría absoluta con la fuga del diputado Phillip Lee a las filas del Partido Liberal Demócrata en protesta por el «brexit dañino» que propone el mandatario. Los conservadores y sus aliados norirlandeses (DUP) sumaban 326 diputados necesarios para gobernar en un Legislativo de 650 miembros.

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