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HarmonyOS: órdagos y faroles

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto EL QUID

OPINIÓN

14 ago 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

El próximo lunes se cumplen los 90 días de moratoria que Estados Unidos había dado antes de hacer efectivo el bloqueo a Huawei, que le impediría a partir de entonces obtener nuevas licencias de uso de Android, así como las versiones actualizadas de las principales aplicaciones (Gmail, Maps, YouTube, WhatsApp…) y arquitectura de hardware fundamental para el funcionamiento de dispositivos móviles y ordenadores. Como ya es sabido, el veto de Trump fue levantado hace un mes y, en su lugar, lo que ha ocurrido es que la tecnológica china ha presentado oficialmente su propio sistema operativo, HarmonyOS.

Es probablemente la noticia tecnológica más importante de los últimos años. Equiparable a la fundación de la Open Handset Alliance, la plataforma de 84 compañías que alumbraría en el 2008 el primer smartphone con Android, y a la que por cierto se sumaría ese mismo año Huawei. Durante una década, el software impulsado por Google se ha expandido hasta estar presente casi en en el 90 % de los teléfonos inteligentes (en buena medida, gracias a los fabricantes chinos) y todos los intentos por competir con él, excepción hecha del iOS de Apple, han fracasado. Ni Symbian (Nokia), ni Windows Phone (Microsoft), ni Bada (Samsung), ni BlackBerry OS (RIM), ni Firefox OS (Fundación Mozilla), ni webOS (Palm) consiguieron una cuota de mercado suficiente para asegurar su supervivencia.

Pero HarmonyOS tiene un mercado de más de 1.400 millones de potenciales usuarios esperando (la población de China) y Huawei ya ha anunciado que empezará a implementarlo este año en monitores y televisores inteligentes, y después en wearables y automóviles. Para cuando llegue a los móviles será un sistema operativo maduro y compatible con un ecosistema inmenso de dispositivos, que facilitará el trabajo de los desarrolladores a la hora de programar aplicaciones. Veremos si no impulsa también una nueva arquitectura de procesadores, lo que dejaría a ARM (la empresa británica cuya plataforma utilizan la mayoría de los chipsets de la industria), que se posicionó al lado del Gobierno norteamericano, en fuera de juego.