El error histórico de Rivera


La progresiva derechización de Ciudadanos es una mala noticia para nuestra democracia. El que pretendía ser un proyecto de centro liberal a la europea se ha ido transformando en un partido que aspira a liderar el bloque de las tres derechas y que está dispuesto a contar con la ultraderecha. El pacto andaluz, la foto de Colón y el cordón sanitario que Rivera ha impuesto a lo que llama sanchismo, que no es más que el PSOE realmente existente, son un punto de no retorno. Con la extrema derecha neofranquista, sí; con la socialdemocracia, no. Esto es algo que los Macron, que fuera su referente, o Merkel, la mujer que mejor representa el centro-derecha europeo, nunca harían. El líder naranja lleva mucho tiempo basando su discurso en la supuesta rendición de Sánchez frente a los independentistas. Tras el no de estos a los Presupuestos, que precipitó el llamamiento a las urnas, y a Iceta como senador, se le ha derrumbado. Pero hace como si esos hechos no existieran y sigue con el mantra, desaprovechando la oportunidad histórica de ofrecerle la abstención en la investidura, con lo que ERC quedaría fuera de juego. Rivera aparece exultante tras subir en las últimas generales, pero en realidad no ha logrado sus dos grandes objetivos: echar a Sánchez (siempre emplea ese verbo, echar) y sobrepasar al peor PP de la historia. El sábado, el catalán Jordi Cañas, uno de sus hombres de confianza, hizo campaña en Madrid, donde acusó a la alcaldesa Carmena de ser una «okupa» (¿les suena?) que ha introducido el «virus del fascismo» en la capital. Su intervención crispada y agresiva y la deslegitimación del adversario como arma política no son una excepción, sino la muestra de la preocupante deriva de Ciudadanos.

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