Coraje


Las apariencias engañan. Parecía que el gran salto al vacío de Bankia se había dado por exceso de atrevimiento. Pero ahora la conclusión es otra. «Nos faltó coraje». Así lo confesó José Antonio Casaus Lara, el jefe de los inspectores del Banco de España, en un ataque de sinceridad. No se atrevieron a decir que faltaban más de 8.000 millones en provisiones para rellenar el socavón. No pidieron que salieran las cuentas. No quisieron frenar la carrera, exigir responsabilidades, pinchar otra nueva burbuja. Que la realidad no te estropee la salida a bolsa. La operación fue un vai facendo de proporciones gigantescas. Vaya momento para arrugarse el de los controladores, justo cuando había que tirar el penalti. Con lo alegres que corrían todos por la banda... Es curioso, porque a los señores que mandan en el Banco de España lo que suele sobrarles es precisamente el valor. La audacia para lanzar dardos al bolsillo del prójimo. La osadía para matar los pájaros que pueda tener cualquiera en la cabeza. Los gobernadores que han pasado por allí podrían escribir un libro. Un compendio de frases que escuecen. Sobran ejemplos. Como aquello de que los casos de corrupción no tienen un impacto en la evolución económica (siga circulando, por favor).

O la genialidad de que, como muchos jubilados tienen vivienda propia, no es justo que haya tanta queja sobre las pensiones (como si el piso les hubiese tocado en una tómbola). Son gentes a las que el despido libre arranca profundos suspiros, pero que dejan su cargo con gasolina súper en el depósito. Concretamente, con una indemnización de 95 días por año trabajado (ejemplo literal). Consejos vendo. Qué coraje.

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