La saga Suárez


Adolfo Suárez Illana. El hijo del presidente reemprende carrera política y será diputado en el Congreso. Pablo Casado lo situó en el puesto número dos por Madrid, que es el lugar de honor después del presidente. Es el lugar donde se pone a las figuras emblemáticas, como hizo Felipe González con Baltasar Garzón cuando se querían y como hace ahora Pedro Sánchez con su vicepresidenta Carmen Calvo, su voz en las ocasiones sonadas y su ariete contra la derecha.

La designación de Adolfo Suárez llega, pues, cargada de intencionalidad y de mensaje. Digamos de entrada que pretende ser un recadito para Albert Rivera, que dio el salto a la política nacional invocando el nombre y la filosofía del presidente fundador de la democracia y al que, por cierto, hace mucho tiempo que no cita. Quizá dejó de citarlo por una previsión profética de esta jugada de Casado.

Lo que ocurre es que situar al emblema familiar del centro político en el Partido Popular que estamos viendo quizá sea una contradicción. Lo que el PP tiene de centrista en cualquiera de los aspectos que podamos mencionar es lo mismo que este cronista tiene de cardenal: cero. Discurso tras discurso, acto público tras acto público, declaración tras declaración, aparece como lo que es: un partido de derecha dura y contundente, el famoso partido sin complejos, que ofrece a Cataluña un 155 como única salida; que organiza y participa en manifestaciones contra el aborto; que habla más de imposiciones que de acuerdos con adversarios; que está dispuesto a pactar con Vox, como hizo en Andalucía, y cuyas posiciones son elogiadas por José María Aznar, que es el motor y la musa de la rigidez conservadora.

Y un segundo apunte:  Adolfo Suárez González era un vendedor de ilusiones y así se confesaba. El partido en que su hijo se integra como referente no ha vendido una sola ilusión desde que se anunciaron las elecciones. Lo hará porque no le queda más remedio si quiere cortar esa sangría de votos que le pronostican las encuestas; pero hasta el momento solo ha sabido ser el partido de la bronca a los demás, del aviso de desgracias infinitas, del no a cualquier iniciativa del Gobierno socialista y de la ausencia de propuestas que creen adhesiones a sus siglas. Decidió jugar en el terreno marcado por Vox, y la previsión es que pierda casi medio centenar de escaños, mientras para Vox se anuncia un crecimiento próximo a los treinta escaños, porque es el original de la dureza. Adolfo Suárez Illana estará a gusto al lado de Casado por su magnífica relación personal. Pero, si conserva la herencia centrista de su padre y su devoción por el diálogo, una de dos: o le dejan ser motor del cambio del PP, o lo pasará regular. Regular tirando a mal.

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