El «spaghetti western» de Santiago Abascal


Si Vox fuera una película de los hermanos Marx, a lo mejor hasta tenía gracia: Santiago Abascal en la Ópera (militar), Santiago Abascal en el Oeste. En Santiago Abascal en los toros lo vemos feliz saludando a alguien entre el respetable. Pegada a su cuerpo lleva una Smith & Wesson, el revólver de Clint Eastwood en Harry el sucio. Para Abascal, todos los «españoles honrados» tienen derecho a ser abascales o harrys, o sea, a disponer de un arma y guardarla con los juguetes de los niños, o junto a la Biblia, o en el fregadero, para usarla cuando un malo llame al timbre y pretenda arruinar la paz del hogar. Luego, si el malo era el repartidor de pizza, pues qué faena. En Estados Unidos en solo un año murieron 39.000 personas por disparos. Las armas son lo opuesto a la seguridad, y a las palabras. Lo opuesto a la política. Hay candidatos que no se sabe si aspiran a presidir un Gobierno o la Asociación Nacional del Rifle.

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