Paramos porque todo está parado

Julio Picatoste MAGISTRADO

OPINIÓN

19 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La Justicia vive días difíciles. Tras el nefasto y desafortunado episodio protagonizado por la Sala Tercera del Tribunal Supremo, de tan lamentables consecuencias, la dama de la Justicia, en otro tiempo erguida, serena y noble, yace hoy abatida, desquiciada la balanza y quebrantado el acero de su espada. Pero este estado de desaliento y postración al que nos han llevado algunos no ha de traducirse en la abdicación de viejas y justas reivindicaciones, que hoy, una vez más, deben ser avivadas, incluida la olvidada actualización de la remuneración. ¿Por qué paramos los jueces? Porque la espera se eterniza y la paciencia se agota; ya no bastan las palabras, y no se admiten por respuesta ni el silencio ni el desdén. Los jueces paramos porque queremos una Justicia del siglo XXI, y esta solo puede alcanzarse con un esfuerzo presupuestario adecuado y sostenido, y con una dotación de medios que garantice eficacia y modernidad.

Pedimos que el Consejo General del Poder Judicial reflexione y haga autocrítica severa. Que su política de nombramientos esté basada en el mérito y la capacidad, y no en el amiguismo, el clientelismo, la estimación asociativa o el padrinazgo -o madrinazgo- de alguien principal que pueda terminar siendo patrono. Y aspiramos también a saber y ver que formamos parte de una Justicia independiente y que así lo perciban los ciudadanos, pues esa percepción es fuente de confianza.

Los jueces queremos ser realmente jueces, no sentenciadores a destajo, ni burócratas de la productividad resolutiva; por eso se reclama una regulación de cargas de trabajo razonables. El 4 de diciembre próximo, el Consejo General del Poder Judicial termina su mandato y lo hace sin haber atendido esta petición repetidamente hecha por los jueces. Inaceptable; incomprensible.