Dicen que el circo es el mayor espectáculo del mundo. Pues el circo España, sin duda, es el mejor de cuantos puedan existir. Está en gira permanente. Empezó hace siglos y ahí sigue dando alegrías a la afición. Ya nada menos que Valle-Inclán lo bautizó como el ruedo ibérico y tuvo que inventar un género literario, unas llamaradas nuevas de las letras, para hablar de nuestros representantes. Creó para describir el Circo España el callejón del Gato, los espejos que deforman, en definitiva: el esperpento. El esperpento está hoy más vigente que nunca. Y se multiplica además a la velocidad de la luz por la efervescencia de las redes sociales. ¿A qué se dedican y menudo talento tienen todos esos trolls que en seguida llenan los móviles, la nueva realidad, de montajes fotográficos sobre la última proeza de quienes nos dirigen? Es el Circo España el que más pistas mantiene abiertas a la vez. Somos imbatibles en el número de pistas. Tenemos más pistas abiertas al tiempo que Wimbledon y Roland Garros juntos. Malabaristas de la actualidad. Máquinas de fabricar titulares. Carne de rotativa. Rutilantes trapecistas de la fosforescencia de Internet. Equilibristas del engaño. País de diletantes. La realidad siempre, siempre, hunde a la ficción, y a la afición (los votantes mutantes). Puigdemont fuga y juicio, Cifuentes y su máster del universo, la reina Letizia en estado puro son nuestras últimas estrellas. Pero hubo, hay y habrá muchísimos más. Son genios de la astracanada que se muestran desnudos simplemente dejando pasar el tiempo. A su lado el gigante, la mujer barbuda, el elefante subido a una pelota de tenis no son nada. Elefante ya tuvimos con la Familia Real. Esa entrañable Casa Real, la casa de la Troya, que sigue llamando la atención sin precedentes, ahora al mostrarse la verdadera cara de la reina Letizia. El Circo España llena las primeras páginas de los periódicos de Europa, del mundo entero. En esta España circense no es que nos crezcan los enanos, es que nos llueven los enanos, como dijo un día una compañera. Tanto payaso suelto obliga a preguntarse: ¿son los personajes del corazón que copan el prime time de las televisiones una peculiaridad hispana o no son los Kiko Matamoros y otros nada más que la expresión cruda, la definición exacta, la fórmula matemática, de nuestros personajes públicos sin careta? El Circo España es un Sálvame gigante. El Circo España es un Supervivientes o una isla de los famosos pero retransmitida en directo desde el Congreso, desde la Comunidad de Madrid, desde la foto de Pascua de las reinas en Palma. Hoy entendemos mejor lo de Belén Esteban, reina del pueblo. El gerente del circo es ese Rajoy hastiado de todo y hastiados muchos de él. Lo cierto es que es todo muy simpático, pero el hartazgo es tal que, a veces, entre la risa y el vómito, ya no hay manera de digerir a quienes nos dirigen. Hasta la compasión tiene un límite. Somos un país único, cierto, pero infinito en el ridículo.