No hablo de Pedro Sánchez y su «ronda de contactos» porque aburre su empecinamiento en renunciar a la política, y también porque la gran trapallada de esta semana es la arrogancia de Rajoy al pretender gobernar como si tuviera mayoría absoluta. Aunque lo preocupante siempre ha sido cómo ha entendido Rajoy su papel en la oposición. Oposición en la que todo le valió, negándose a negociar con el Gobierno socialista cuestiones centrales de la política española. Y si tal hacía en la oposición -ocho años-, a nadie sorprendió el abuso del Decreto Ley y su imposición en temas de grave dificultad para España como los que afectan a la estructura territorial del Estado.
Sánchez se va dejando llevar a las terceras elecciones atraído por la incierta zanahoria de lograr desprenderse de la sombra de Unidos Podemos, aunque en ellas los populares aumenten su ventaja. Para Sánchez y los barones las exigencias de la UE y los mercados son realidades y poderes extremos que los paralizan, por no hablar de la línea roja autonómica y territorial que achicó los espacios de pacto y convivencia en el sistema político español, y eso es lo que no explican en sus noes a Rajoy, al PP y a la política.
Por todo ello, no sorprende el juego desvergonzado de populares y socialistas buscando eludir la responsabilidad propia e inculpar al otro. Todos con descaro, pero unos con más arrogancia que los otros. Esa arrogancia sin complejos desde el poder llevó al Gobierno de Rajoy a «lo de Soria», con las mentiras habituales de Guindos, de Rajoy y de Hernando para que aceptemos el abuso inevitable: dejarles hacer de su capa un sayo.
Sucede que la tal capa, ni esta ni otras muchas de las que se apropiaron estos años, no era suya y los españoles fueron conscientes de que pretendían arrebatársela. Incluidos Feijoo, Cifuentes, Herrera y algunos otros con capacidad y decisión para ello en el Partido Popular.
La trapallada Soria evidencia también las relaciones entre los cuerpos de altos funcionarios y los Gobiernos, o la organización del desgobierno, como lo definió Alejandro Nieto.
Que Soria y Guindos pertenezcan al Cuerpo de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado es accesorio. Sin embargo que la convocatoria del puesto en el Banco Mundial solo se haya dado a conocer a través de la Asociación de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado, el lobby de los tecos, sin ninguna otra publicidad, demuestra que a estas plazas que operan bajo el principio de confianza ministerial (sic), no les alcanzó ninguna de las 222 medidas de reforma de las Administraciones Públicas supervisadas por la vicepresidenta del Gobierno, tampoco en transparencia.
Nada que ver con el reciente proyecto de ley de profesionalización de la gestión sanitaria, elaborado a partir de una moción de todos los grupos parlamentarios de la Comunidad de Madrid, aprobado por la presidenta Cifuentes que, entre otros importantes aspectos, destierra el dedo para los gerentes sanitarios. Otra forma de gobernar.