Yo IU, tú mareas, él Podemos, nosotros Anova

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

02 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La construcción verbal es arbitraria, como el propio lenguaje. Sin embargo tiene sus reglas, aunque los verbos irregulares se las salten caprichosamente. Yo quería titular esta columna con arreglo a la ortodoxia gramatical pero me salió un título casquivano, solecista y en anacoluto. El lenguaje rara vez expresa lo que uno en realidad quiere expresar con el lenguaje. Aunque no siempre. Porque si titulas: «Yo IU, tú mareas, él Podemos, nosotros Anova» resulta que estás definiendo esencialmente a una agrupación de entidades políticas: En Marea.

Mirando a la izquierda, pocas veces ha sido más caótica la realidad política en Galicia. Se han unido treinta y tres para confluir y ser, a su vez, una confluencia. Han tocado el cielo en las municipales consiguiendo tres gobiernos principales de la provincia de A Coruña. Su éxito ha continuado el 20 de diciembre pasado. Pero el 26 de junio han salido de su órbita gozosa para precipitarse en un espacio laberíntico: el caos. Porque es muy difícil poner de acuerdo a treinta y tres grupos, que son los que componen el conglomerado de En Marea, como hace semanas publicó este periódico. Yo admito que se les pueda votar para manifestar el enojo y la rabia y el desaire que han propiciado en la ciudadanía determinadas actuaciones de los partidos mayoritarios, PP y PSOE. Es comprensible votarlos para significar que el vaso está lleno de corrupción e intereses particulares. Es factible gritar «¡Viva En Marea!» y con ello querer decir «¡Estamos hartos!». Y punto. Algo muy diferente es gobernar. Es decir, decidir un rumbo y ejecutarlo. Entonces el votante se lo piensa y vuelve a los de siempre, porque más vale malo conocido que bueno por conocer. Sobre todo si uno se pone a mirar y admirar la «nueva política» llevada a cabo en Santiago, A Coruña y Ferrol: para salir corriendo. Y eso es lo que han hecho los votantes el pasado domingo.

Pero no queda ahí la reflexión. Sería parca y podría pecar de parcialidad. Cierto. Utilizo otro argumento para ratificar que es muy difícil votar y entender a aquellos que entre sí mismos no se entienden. Si han leído las informaciones que esta semana ha publicado La Voz, sabrán de lo que hablo. Si recuerdan que Beiras dijo que Yolanda Díaz había sido desleal e insolidaria e ingrata con él, ratificarán mi criterio. Si, como yo, se llenan de perplejidad ante las guerrillas que mantienen estos días, alcanzarán la significación cierta del título de esta columna. Los treinta y tres no se ponen de acuerdo. Ni se pondrán, aunque lo parezca. Por eso a tres meses de las elecciones gallegas no tienen todavía candidato. Y no porque no sepan que es necesario y perentorio nombrarlo, sino porque no concuerdan en casi nada. Solo en un hecho tangible en su diaria agresividad: odian al PP. Quizá ellos piensen que es suficiente para gobernar un país. Pero también es probable, dice la democracia, que la ciudadanía piense otra cosa.