E stán todos los candidatos locos por salir en la tele. En prime time, si es posible. Y si además puede ser en una actitud amable, como de andar por casa, o subiéndose a las montañas en plan aventura, mejor que mejor. El caso es apoderarse del espacio público de los medios de comunicación con un gesto que dé confianza y buen rollo. Ahí vemos a todos, o de visita a la casa de Bertín, o subiéndose a globos o aerogeneradores con Calleja, o incluso moviendo el esqueleto con Pablo Motos. Acaparar gran pantalla es lo que cuenta.
Lo que ocurre es que no se han dado cuenta de que ahí ya solo se decide una parte de la batalla. Una parte importante, eso sí; pero no la única ni posiblemente la más trascendental. Obama fue el que convenció a muchos reticentes de la necesidad de utilizar toda la maquinaria del márketing digital en aquella campaña ejemplar en la que conquistó la Casa Blanca y su camino lo intentaron seguir otros después. Con una muy inteligente acción en la red dobló el brazo a sus adversarios políticos.
Aquí en España, en cambio, casi todo está por hacer. A pesar de que los grandes partidos han contratado a empresas especializadas, lo cierto es que tenemos una inmensa mayoría de políticos muy del siglo XX que no creen de verdad en las maneras en que nos movemos en el siglo XXI. Eso sí, todos enarbolan rápidamente el ránking de seguidores que tienen en Twitter o Facebook como si con ello se ganasen ya elecciones; sin percibir el grado de aceptación que consiguen en las redes sus mensajes.
He visto estos días trabajos muy interesantes al respecto de los que se sacan conclusiones muy clarificadoras. La primera es que en Twitter precisamente gana la batalla Podemos, seguido de PP, PSOE, Izquierda Unida y Ciudadanos, por ese orden. Lo que revela el grado de entusiasmo que levantan dichas formaciones en esa red social. Entusiasmo, entiéndase, no quiere decir número de votos, sino fervor y adhesión por los mensajes que transmiten. También leía estos días que los nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, encabezan las listas de búsquedas en Internet en este año, lo que deja claro el interés que tienen los votantes por conocer de verdad cómo son y qué valores tienen sus candidatos.
Los debates electorales en televisión, tan analizados, controvertidos y motivo de polémica en estos días, son esenciales para la buena salud de la democracia. Sin duda. Pero tan importantes como esos debates, en ese medio que en cuanto a contenidos sigue manteniendo esquemas muy tradicionales, es el resultado que puedan sacar los candidatos en las redes sociales. Además, si quieren conectar realmente con los segmentos más jóvenes de la población, es aquí donde tienen que tener presencia. Y si además pretenden dar un perfil moderno, vanguardista, pegado a la nueva realidad de las personas que vivimos en la sociedad digital, más todavía.
Las grandes batallas electorales ya no tienen solo un escenario para la contienda. Hoy la televisión, el gran medio masivo, convive en capacidad decisiva con el mundo digital, Los jóvenes consumen contenidos audiovisuales pero ya masivamente en las pantallas alternativas a la que todavía ocupa el centro de nuestros hogares. Los grandes creadores de contenidos lo saben, pero los políticos lo desconocen.