Abengoa y los daños del BOE


El 26 de noviembre, la familia Benjumea, impotente en su esfuerzo por conseguir un socio capitalista para Abengoa, puso un punto y aparte a una historia de éxito nacida en 1941. Solicitó preconcurso de acreedores, una figura creada en la reforma de la Ley Concursal, y que, por un lado, bloquea la solicitud de concurso por parte de algún deudor y, por otro, la coloca, durante tres meses que pueden llegar a cuatro, en posición de fuerza ante el proceso negociador. Obliga a todos sus acreedores, principalmente a los financieros, a pensar en positivo. Si Abengoa vive, ellos cobrarán. ¿Cuánto? A discutir, pero harán caja. Por el contrario, si se empecinan en cerrarle el circulante y no abordar una refinanciación global, solo se llevarán para casa un ataúd empresarial.

Los Benjumea están replicando los pasos que en su día dio la presidencia de Pescanova; pedir tiempo muerto para obtener liquidez para hoy y para un largo proceso de reestructuración financiera. Aunque espero que las vergüenzas que empezarán a salir en estos cuatro meses de debilidad política interna no ensucien su imagen, como así ocurrió con la de Fernández de Sousa, lo cierto es que hay demasiadas sombras sobre cómo construyeron y proyectaron su información financiera. Auguro días negros.

Lo que es indudable es que en los dos holdings empresariales había y hay un proyecto industrial sólido, en nuestro caso se ha salvado, en el sevillano está por ver. Y qué les ocurrió,  se preguntará. Le impusieron al proyecto una alta velocidad de crecimiento y por tanto, de apalancamiento, y cuando haces esto, la conducción debe ser perfecta, ya que cualquier error te puede tirar a la cuneta. Te impide metabolizar las pérdidas.

En este caso, suman dos y ajenos a ellos, pero riesgos en todo caso. Por un lado, los cambios normativos españoles en el campo de las energías renovables. Esta decisión del ministro Soria, si le damos credibilidad a la empresa, les ha impedido generar una caja de 1.500 millones. Y, por otra parte, su apuesta fallida por los biocombustibles.

Es decir, tenemos enfrente una compañía que genera siete mil millones de facturación, líder en conocimiento en energías renovables, y está al borde de la quiebra porque, entre otras cosas, en este país, en materia energética, hemos renunciado a la seguridad jurídica. Historia triste, se mire por donde se mire.

Venancio Salcines es Presidente de la Escuela de Finanzas.

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