Pronto habrá otra fiesta del cine y las colas volverán a las salas. Y es que ver una película en el cielo de una pantalla de cine no tiene nada que ver con hacerlo en casa, en un ordenador o en un ¡móvil! No es solo el tamaño (¡que el tamaño también es importante!), es el ritual. Es quedar para ir al cine. Compartir una película. Salir y hablar sobre ella. Forma parte de una manera de entender la vida y de entenderse. Es una civilización lo que estamos perdiendo. Y es verdad que el cine tiene un precio y seguro que la industria no miente cuando dice que no puede rebajarlo más que en ocasiones especiales o en días del espectador, pero el resultado está ahí: cuando lo hacen, se petan los cines. Dijo Dani de la Torre, director gallego de El desconocido, en una entrevista en La Voz, que el cine no era tan caro, sin rebaja, si lo comparamos con lo que cuesta ver un partido de fútbol. No le falta razón. Ir a un estadio de Primera es un atraco. Es carísimo también ir a ver un partido de Segunda o de Segunda B. Pero hay que contarlo todo. Un partido de fútbol, como una representación de teatro o un concierto, es un espectáculo único. Solo se da en las mismas condiciones una vez. Las películas son copias y tienen muchos pases. Creo que la solución no está en mirar a los otros que compiten por el espacio de ocio de los ciudadanos, sino en conseguir que cine, fútbol y teatro pongan precios en los que todos salgan ganando: los que se juegan su dinero y los que pagan su dinero.