Refugiados, Cataluña, tractoradas... Nada como pedir un recreo de la mano de los más pequeños. Va por ellos, que hoy comienzan las clases. Esos locos bajitos que nos hacen mejores. Muchas veces tengo la sensación de que nos apoyamos nosotros en ellos más que ellos en nosotros. Un padre o un abuelo con los ojos bien abiertos aprenden tanto o más de sus hijos y sus nietos de lo que les enseñan a ellos. Pero no me enrollo más, dejemos que hablen los reyes de la casa para celebrar este primer día de clase. La inocencia de estos críos gigantes es una acuarela que no se paga. «Papá, hoy empiezo yo en mi trabajo. ¿Por qué no me pagan como a ti?». «Mamá, ¿cuánto sabes de tercero de primaria?». En la misma línea: «Mamá, ¿a ti qué tal se te dan las mate de cuarto de primaria?». Un chaval sobre su hermana mayor, que todavía no empieza y que no tendrá clase por las tardes: «¿Por qué ella no tiene que ir todavía al colegio y yo sí? Y encima dice que no irá por las tardes. Ella es más grande que yo y puede más. Yo soy pequeñito y tendría que ir menos. Que me canso. Está muy mal organizado. Es como cuando papá se queda al mando, que hacemos lo que nos da la gana». Esta es imbatible. Me la pasa un amigo. «Papá, mañana [por hoy, claro] tengo que ir al colegio. ¿No llega con que vaya mañana y no vuelva más?». También los hay muy motivados: «¿Tienes ganas de ir al colegio?». «Muchas». «¿Por qué?». «Quiero ver a mis amigos. Pero ¿tengo que ver también a la profesora?». El díscolo: «¿Pero por qué no quieres volver al cole?». «Porque la profesora siempre dice que hay que portarse bien. Y portarse bien, papá, es lo más aburrido que hay». El jetas: «¿Y no puedo aprender todo en la tableta? Mamá y tú decís siempre que la tableta tiene juegos para saber muchas cosas?».