Dos crónicas recientes de Espe Abuín pusieron delante de mí luces y sombras de la pesca gallega. Una la campaña publicitaria del bacalao nómada (skrey) que desde las islas Lofoten llegó a Merca Madrid en cantidad próxima a los dos millones de ejemplares, y otra la noticia del Análise do sector da Pesca del Instituto Galego de Estadística (IGE).
El bacalao nómada o skrey, una pesquería estacional y artesanal de las islas Lofoten que se desarrolla entre febrero y marzo en su migración para reproducirse, me llevó al recuerdo de don Domingo Quiroga, uno de los grandes analistas pesqueros de Galicia, que abogaba por el desarrollo de nuestras pesquerías, nuestro marisqueo, nuestra acuicultura y la protección ambiental de nuestras costas, al modo y manera de Noruega.
Pero ni Gobiernos sucesivos, y fueron muchos, ni pescadores, cofradías o acuicultores dieron por bueno el aviso. Las rías gallegas se mantienen en un escaso saneamiento y la pesca artesanal o costera y el marisqueo disminuyen en empleo, capturas y valor. Llegando a sacrificar la estacionalidad de algunas capturas singulares (nécoras, o pulpo, centolla e incluso percebe y almejas) para atender la demanda de la época de visitantes, con obvia incidencia en calidad del producto e incluso precio, desaprovechando el desarrollo en los hábitos del consumo de la cultura del carbonato cálcico.
Y ahí viene el segundo input: El muy cabal análisis del sector de la pesca realizado por el IGE. Donde se confirma la importancia relativa de la pesca y acuicultura, sin industria transformadora, en la economía gallega medida como índice de especialización frente a la Unión Europea, que alcanza un valor de dicho índice de 23.
Pero esta realidad no se recoge en proporción adecuada en las políticas diseñadas para la Estrategia de Especialización Inteligente del RIS 3, lo que sin duda deriva de la escasa y baja calidad de las organizaciones empresariales o sectoriales, incapaces de articular demandas para mejorar su posición en las estrategias diseñadas por el Gobierno. Como retruque sorprendente tenemos que el cuarto puesto de este índice de especialización lo ocupa el epígrafe Hogares como empleadores de personal doméstico, índice que empata en Galicia con aquel de Hostelería, automoción y construcción.
A ello se añade un incremento de la importancia relativa de la pesca y la acuicultura en el PIB gallego, con el 1,2 por ciento, sin incluir la industria alimentaria transformadora, y que alcanza el 2,1 si incluimos a esta en el «Sector Pesca». Lo que tendría lógica si el análisis también agrupara silvicultura y montes con industria de la madera, o ganadería y agricultura con otras ramas de la industria alimentaria. Por lo que respecta al empleo, el sector supone el 3,2 % del total de Galicia, aportando el 2,2 la pesca y acuicultura y el 1,0 la industria transformadora, constatándose una pérdida de empleo para el sector de un 25 % entre el año 2000 y el 2012. Realidades de haz y envés que ayudan a reflexionar. Si fuere el caso.