El derrumbe del ayer

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Allá por el 1900 Federico Nietzsche sentenció: «Dios ha muerto», y abrió la puerta a la posmodernidad. A partir de ahí, Europa se fue desencantando de sus ideales tradicionales , triunfaron el capitalismo, el imperialismo, la globalización, los antagonismos (nazi y comunista), la exterminación de masas, dos guerras mundiales, la corrupción política, el consumismo, la producción, el ocio, la tecnología, la crisis económica...

La verdad acabó siendo el resultado de una interpretación de interpretaciones, perdiendo consistencia. La razón se disuelve, la opinión pública sustituye a la voluntad general de Rousseau; en lugar del pueblo, encontramos las masas, en lugar del ciudadano o el obrero, aparecen el consumidor y el usuario.

Nuestro tiempo no acepta la existencia de realidad alguna que se presente como absoluta, trátese de Dios, de una ideología o de cualquier autoridad. Hoy se mueven dioses, ideologías y razones intercambiables; se perdió la credibilidad en los grandes relatos y ningún dios ni ideología sirven de abrigo a la desengañada Europa.

Los valores tradicionales que hasta hace poco sustentaban nuestra civilización -el esfuerzo, el valor del trabajo o el saber- se han atomizado en múltiples valores mediocres y a veces contradictorios entre sí.

Vivimos en medio de una pluralidad de narraciones relativas o de verdades proclamadas sin certeza en los diversos medios de comunicación solo homologados por la audiencia.

De esta manera, no solo carecemos de grandes verdades, sino que la idea misma de verdad ha perdido todo sentido. Ha entrado en crisis no solo aquella razón que se había arrogado el derecho y la tarea de dar fundamento a todos los valores, sino la razón como tal. A partir de ese momento, el hombre de hoy ha tenido que buscar su propia mística, su propias razones y su propia verdad.

Las grandes ideologías oficiales son hoy ideologías para eunucos.

Y es por todo esto que esta semana hemos visto saltar por los aires la vieja Izquierda Unida, aquella que amalgamaba ideologías conservadas en formol y naftalina.

Y es también por esto que irrumpe un fenómeno como Podemos, capaz de arropar a cualquier ideología por débil o particular que esta sea; en Podemos caben todos porque Podemos no es una ideología, es un tuttifrutti onanista de esperanzas individuales sin otra referencia ideológica que el pragmatismo de la demolición.

Los gurús de Podemos no dicen lo que a diario piensan, sino que piensan qué decir a diario, según dónde lo digan.

Vivimos un presente con dos ventanas abiertas: la memoria y la esperanza; dos ventanas que pueden quedar tapiadas por un alzhéimer social galopante y por los gurús que no entiendan que ya no necesitamos gurús.

Sean estos de izquierdas, de derechas o del más allá.