Es la vida de Brian. Y punto.


O es la vida de Tania? Como decían el jueves en un programa de humor en la radio estamos volviendo a ver La vida de Brian. La política ya es lo más parecido a un sketch y, como en el filme de los Monty Python, los de El Frente Judaico Popular se levantan contra los de El Frente Popular de Judea. Que no se sabe por qué ese empeño en llamar a la unidad cuando dentro de poco habrá más facciones que personas echadas a la izquierda y además con esos nombres que invitan al desasosiego: Izquierda Unida, Unidad Popular... ¡Que empeño en estar unidos! A veces parece que en medio de tanta película va a salir Woody Allen gritando «¡Oh, Dios mío, la izquierda se expande!». Luego se extrañan de que el mensaje no llegue cuando se venden bajo lemas originalísimos: «Por la fuerza del cambio». ¿Puede haber algo más tópico e insulso? (¡Eso no lo escribe ni un becario de márketing!). Pero La vida de Tania, digo, de Brian, es así. Siempre mira el lado brillante de los focos. Y tanta emoción, desde luego, deslumbra. Es el único mensaje que buscan transmitir. Una atención mediática que dentro de un par de semanas habrá avanzado para enganchar a tanta audiencia como Gran Hermano Vip. Apelando a los instintos. Hay que silbar para que las cosas mejoren. «Always Look on the Bright Side of Life»...

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Es la vida de Brian. Y punto.