Amenazados

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

El reportero polaco Ryszard Kapuscinski, que pasó su vida recorriendo el mundo para poder contarlo, indagó sobre el encuentro con el otro como sinónimo de algo extraño, en ocasiones hostil y potencialmente peligroso. Y ante tal suceso, que se produce desde los inicios de la Humanidad, las reacciones de los individuos y los grupos pueden ser tres: la cooperación, el aislamiento o la guerra. Tristemente, la experiencia enseña que con demasiada frecuencia se ha respondido con la fuerza, intentando el sometimiento o la aniquilación del otro. Sucedió en los tiempos de los grandes descubrimientos y exploraciones, en el apogeo del colonialismo, en la expansión del nazismo o en lo que está sucediendo ahora y que alguien bautizó como islamofascismo.

Ocurre dentro y fuera de nuestras fronteras eurocéntricas. Se expande el Estado Islámico, las interpretaciones más retrógradas y medievales del islam en Oriente y en África. Pero también en este mundo laico y acomodado que parece estarse dando cuenta de que ahora el otro está aquí y quiere imponer por la fuerza una ultraortodoxia de la que nos creíamos libres. Las Torres Gemelas, los trenes de Atocha o el ataque contra el Charlie Hebdo forman parte de la misma cruzada, de una yihad alimentada por el odio y la violencia extrema.

No puede haber matices en la condena del terrorismo. Ha de ser total y absoluta, tanto como el fanatismo de quienes lo ejercen, no importa si son del Ku-Klus- Klan, de ETA o del yihadismo. Ayer y hoy todos somos Charlie Hebdo, no solo porque con las muertes del atentando contra la revista satírica francesa tratan de callarnos y amedrentarnos. Je suis Charlie porque yo también estoy amenazado por la barbarie.