El (im)pudor de Muñoz Molina


Hay dos novelas en la nueva novela de Muñoz Molina, Como la sombra que se va. Así se va el tiempo, por cierto, como una sombra. La escritura de este libro ha tenido que ser una historia de (im)pudor. Una mezcla extraña de pudor e impudor al contarnos su vida, como hace, con todo ese lujo de lenguaje que tiene en la manga el autor, y al narrarnos como pegada a su biografía esa otra fuga del hombre que mató a Martin Luther King. Entre los dos libros que conviven como cosidos a la fuerza me quedo con las páginas exquisitas y sabias en las que habla a corazón sajado de su vida, de su primer matrimonio, de su amor furtivo, de los hijos bebés enrojecidos en la cuna y de los hijos adultos convertidos casi en extraños que se nos parecen tanto. «Infligir ese dolor que solo te puede infligir alguien de tu sangre», viene a decir como verdad de catedral. Ese encuentro en el piso santuario con el escritor adorado Juan Carlos Onetti (es imposible hallar un escritor con tesoro más importante que Onetti). Esa pasión por lanzarse a escribir que le llevó de joven a Lisboa y donde encontró esas páginas que lo convirtieron en autor de éxito. Ahora vuelve a Lisboa y lo recuerda todo. Y recuerda también, gracias al hilo infinito de los archivos del FBI a través de esa bendición/maldición de Google, la peripecia surrealista de James Earl Ray viajando de país en país y llegando a parar diez días en Lisboa. Pero en esos folios nos habla más de un corazón remendado. Gusta más cuando es su vida la que tiende al viento. La que desnuda en el lienzo.

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