Independencia de Escocia


Este mes se va a celebrar el referendo en el que los escoceses votarán su futuro como nación integrada, separada de las otras tres: Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, que juntas forman el Reino Unido de Gran Bretaña. Esta será la tercera vez que lo consultan desde que se unieron en 1707. Es curioso que la primera consulta, en 1979, fue un fracaso, porque solo unos pocos pidieron el sí. La segunda sucedió en 1997 con un referendo para tener Parlamento, autogobierno y el derecho a usar su bandera, junto con la del Reino Unido y la de Europa. El sí fue impresionante y la alegría llenó las calles y plazas de Edimburgo. Ahora quieren tener su propio Estado, pero dentro de la UE y bajo la monarquía británica, lo mismo que Australia o Canadá.

En estos momentos, el sí parece que no es suficiente, porque los escoceses no ven claro que vayan a mantener su mismo nivel de vida, aunque les prometen cuestiones tan poco consistentes como que el petróleo y el whisky serán los dos motores de su economía. Con ese argumento es lógico que estén en dudas. Permaneciendo en el Reino Unido, con la misma moneda, tienen suficiente margen de autogobierno para manejar sus recursos e impuestos, pero si Gran Bretaña se separa de la UE, entonces ellos podrían reclamar el continuar en Europa y unirse al euro. Es un hecho social que los escoceses fueron leales al Reino Unido en las guerras y eso les ha creado un sentimiento de unidad como británicos que se enfrentan a los movimientos separatistas. Pronto lo veremos.

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