La maldición de la xarda

OPINIÓN

11 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

En menos de una semana hemos pasado de la indignación al luto. De la rebeldía al dolor. Del injusto reparto de cuotas pesqueras al injusto tributo pagadero en vidas humanas. Parece el sino de Galicia: balancearse entre la discriminación y el fatalismo. Más aún de la Galicia marinera, nuestro corazón de salitre, que navega mares tan generosos como crueles. Y que estos días sufre la doble maldición de la xarda.

La primera maldición tiene origen terrenal. Todavía resuenan, en el asfalto de las ciudades gallegas, los gritos reivindicativos de nuestros marineros. Su airada protesta por los cupos de caballa y jurel en el caladero Cantábrico-Noroeste. A los 155 barcos gallegos de cerco les corresponden 1.917 toneladas de xarda, el 24,8 % del total. Al medio centenar de barcos vascos se les permiten 3.757 toneladas, el 48,6 % del total. Con un tercio de la flota gallega, el doble de capturas. Equidad a la inversa.

Nadie entiende tal desproporción. Menos aún cuando se observa el reparto buque a buque. El patrón mayor de Portosín puso un ejemplo definitivo: a un barco gallego de 24 metros de eslora y doce hombres a bordo se le adjudica un cupo de 35.000 kilos de xarda; a uno vasco, de iguales dimensiones e idéntica tripulación, 120.000 kilos. ¿Pueden ustedes digerir esas cifras, resultantes de no sé qué derechos históricos? Yo no. Supongo que me lo impide alguna tara congénita. Quizá el carácter lloriqueante que nos atribuyen.

Con el cupo rebanado a bordo, nos dirigimos al caladero. Pronto, apenas iniciada la costera de la xarda, sobrevino la tragedia: el naufragio del pesquero Santa Ana que, con su estela de muertos y desaparecidos, extendió un manto de luto sobre la ría de Muros. Otra de nuestras maldiciones endémicas pasaba al cobro su recibo periódico. Elevada factura que nunca se cancela. Un lúgubre recuento, ya desfasado a estas alturas, contabiliza más de cien naufragios y 266 marineros gallegos muertos o desaparecidos en catorce años. «¡Y aún dicen que el pescado es caro!»: así tituló Joaquín Sorolla una de sus obras.

¿No se puede conjurar esta segunda maldición? Bien sé que nunca extirparemos los riesgos del mar, pero tampoco debemos entregarnos a la resignación y el fatalismo. Nuestra cuota pesquera es raquítica, pero puede agrandarse. Nuestra cuota en vidas ofrendadas al mar es muy elevada, pero puede reducirse. Galicia acapara la mitad de la flota y de la producción pesquera española; sin embargo, según un informe de hace unos años, cerca del 80 % de los marineros fallecidos en el mar son gallegos. El dato denuncia que algo está fallando y anuncia que algo puede ser corregido.

Tal vez es hora de evaluar las medidas de seguridad adoptadas. De comprobar si el mantenimiento de los buques es suficiente y adecuado. De inspeccionar las condiciones de trabajo a bordo. De anteponer la protección de los marineros al productivismo. No conseguiremos conjurar la maldición, pero sí rebajar el índice de accidentes y la trágica cuota de vidas humanas.