Monago y los judíos


El presidente del Gobierno de Extremadura, José Antonio Monago, en una rueda de prensa, y en alusión a las balanzas fiscales, declaró que «esto no es un mercado de judíos». En ese mismo instante, el presidente vio que tenía que cavar su tumba y se enterró en ella para protegerse de los pedruscos que se le venían encima por haber identificado despectivamente a los judíos con gente aficionada al comercio. La frase revela su fobia al mercado y su fobia a los judíos. La fobia al mercado, de entrada, es absurda. Donde hay mercado hay vida. Aunque también donde hay mercado, hay la más injusta distribución de la riqueza. Pero donde no hay comercio se da la más terrible miseria. Respecto a la fobia a los judíos, ¿qué decir? La expulsión de los judíos de España, perpetrada en tiempo de los Reyes Católicos, ha sido una de las mayores tragedias de nuestra historia. Fue la mayor desgracia para nuestro comercio y la mejor bendición para los países que acogieron a tan sabios comerciantes. Al presidente de Extremadura lo han censurado incluso miembros del PP, que es su partido. La etnia y la religión son asuntos que suelen provocar terremotos. El presidente de Extremadura podía haber empeorado su situación declarando, por ejemplo, que los judíos crucificaron a Jesucristo. Pero no: ahí ha sido prudente y, en vez de mencionar la crucifixión, ha pedido disculpas. Ha declarado que su frasecita «mercado de judíos» ha sido inadecuada. Ha hecho algo bien: pedir disculpas.

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