Riquer, un catalán ejemplar


Fallece el barcelonés Martí de Riquer, a los 99 años, y nuestro primer deber es agradecerle los fantásticos libros que nos ha legado. A su maravillosa edición del Quijote, publicada por Planeta por las fechas en que Franco estaba ya, como de sí mismo escribió Cervantes, con un pie en el estribo y, por tanto, con vistas a desplazarse a su coto de caza del cielo, a la edición del Quijote de Riquer, digo, le debo muchas horas del mayor placer. Desde Hartzenbusch, director de la Biblioteca Nacional de España en el siglo XIX, no se había publicado una edición tan importante del Quijote.

Como Cervantes, Riquer perdió una mano en la guerra. Y hay que añadir que el rigor y la brevedad de las notas de ese Quijote dejan un recuerdo imborrable. Los notas de Riquer son de la misma estirpe que las que escribió Antonio López Eire para su soberbia traducción en verso de la Ilíada de Homero publicada por Cátedra. En ambos casos estamos ante dos sabios que, para bien de sus lectores, reducen la información solo a lo que es imprescindible para aclarar los pasajes oscuros del libro. Son notas que, por su brevedad, nunca te sacan de la lectura del texto original, que es donde el lector tiene que tener su mente.

Martí de Riquer era catalán por los quince costados, y catalán de alto linaje, como bien contó en su libro Quince generaciones de una familia catalana. Era miembro de la RAE desde 1965, o sea, desde el año en que el profeta Jeremías vaticinó por primera vez, en Sant Cugat, la próxima independencia de Cataluña.

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