Santa Rita y Mohamed


Imagínese usted, querido lector, que es un pederasta, con perdón. Y que está condenado a treinta años de cárcel. Su vida discurre plácida entre la celda y el patio de la prisión marroquí, como la de cualquiera persona normal -Bárcenas, Blesa, el bigotes?-. Se dedica, pongamos, a hacer punto de cruz y leer a Paul Bowles. Y de repente un día lo sueltan, la gente se tira a la calle para protestar, sale usted en todos los periódicos, sus horrendos crímenes se airean a los cuatro vientos, lo vuelven a prender, y retoma usted su calceta y su lectura por treinta años. Hombre, no sé. Santa Rita Rita, lo que se da no se quita.

Esto de los reyes parece una partida de mus, que se les calienta la boca y se les va de las manos: envido, yo envido más, pues órdago. Mohamed ha indultado mucho y a ojo y parece que se ha confundido de preso, y también se habla de que a Juanca los espías españoles se la han metido doblada. La verdad es que la profesión de espía está muy desprestigiada, y si no fíjense ustedes en lo de Snowden y lo de Assange. El caso es que los indultos son para los delincuentes, no para la gente honrada, que está en su casa viendo corazón corazón. Y no digo yo que el tal Galván, que parece ser iraquí, no deba dedicar el resto de su vida a la calceta y la lectura. Pero ante tanta chapuza quiero pedir desde aquí la dimisión inmediata del rey de Marruecos y de los espías del Cesid. En cambio al abuelo de Froilán que no me lo toquen, que ya tiene bastante. Jesús, qué cruz.

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