Menudas dos finales


Como todos los veranos, como siempre, parece que solo existe el planeta fútbol. Pero en los días finales de junio se vivió un pequeño milagro. Las miradas hacia el televisor se diversificaron y cobraron vida dos finales apasionantes que no se celebraban sobre hierba. No hay duda que cuando existe igualdad, el espectáculo se multiplica. Y la rivalidad entre Madrid y Barcelona en España y San Antonio y Miami en Estados Unidos hizo que las audiencias creciesen hasta que casi fuese capaz creerse que hay vida más allá del fútbol. La canasta fue centro de atención, con dos series que llevaron a los jugadores, a los equipos y a las aficiones hasta el límite. Eran las finales de la ACB y de la NBA, pero casi parecía que era por lo menos la final de la Europa League del fútbol. El quinto partido entre el Madrid y el Barcelona llenó los bares. La tensión, estirada hasta los últimos segundos del último cuarto. Con la NBA es más típico que pase. Los americanos saben vender muy bien su producto y a todos el mundo le gusta ver cómo sufren los que se suponen son los más fuertes. Así que ver temblar al mismísimo LeBron James también gustó. El baloncesto también existe.

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