El secuestro

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Sobran los detalles. Cadenas en el techo. El tiempo es un golpe. Diez años. 3.650 días. Una barbaridad. Una barbarie. El delito es incalificable. Se necesitarían varios códigos penales. Los hermanos que secuestraron a las niñas de la avenida Seymour todavía siguen en nuestra memoria. Como Natascha Kampusch, en Austria. Leer sobre ellos quiebra algo en nuestro interior. La normalidad que esconde lo peor. El ser común que no es nada común. Los hombres de las barbacoas con los vecinos que tenían secuestradas a las chiquillas. Solo queda pensar en ellas. ¿Podrán apenas rozar el sueño de una posible recuperación? ¿Cuándo se sale de una casa así, cómo realmente se sale de esa? Hay luz. O serán tres vidas rotas, partidas por sus secuestradas. Esmagadas. Y abandonadas también por unas autoridades que no encontraron ni pistas ni indicios ni nada. Durante diez años. Hasta que apareció otro hombre común, este común de verdad, y oyó gritos detrás de una puerta. Y no siguió caminando. Se paró y rompió la puerta. Soltó a las chicas e hizo que al fin se atrapara a los monstruos. ¿Cómo no pensar en esas niñas? ¿En esos diez años?