Mi propio banco

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

28 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Hoy, cuando cualquier movimiento ciudadano de protesta cosecha el improperio de antidemocrático desde los cuidadores del poder establecido, las declaraciones del presidente francés y el primer ministro español, en los preliminares del partido de fútbol al que acudieron, desautorizando al presidente del Eurogrupo ni generan confianza ni son de fiar. Porque ni Francia ni España, aun queriendo, gozan de autoridad ni competencia para imponerse a la presidenta del Gobierno de Alemania y a los intereses por ella representados. Así las ocasionales declaraciones del señor Rajoy más parecen obligación que justifique su viaje al fútbol, que estrategia política sólida frente a los arrebatacapas financieros alemanes y sus aliados. Y dada la gravedad de la situación incomoda también el silencio de los socialistas, sordos por su propia barahúnda.

Cierto que en Chipre no hay nada nuevo bajo el sol, apenas una vuelta de tuerca más a lo que ya vimos en Grecia, Portugal, Irlanda y en otra medida en España e Italia, y diferente a lo sucedido en Islandia. En definitiva, pagar con deuda pública -suya y mía- la deuda acumulada por los bancos españoles con los prestamistas europeos -alemanes y holandeses sobre todo-, entregar cajas de ahorros y sus negocios a los bancos, previo saneado con fondos públicos pagados una vez más con deuda pública. Todo a costa de nuestro empleo, salario y bienestar. Empobreciendo a los ciudadanos y asfixiando a la sociedad. En una secuencia ideológica que se ha ido retorciendo hasta la indecencia.

Primero vivimos por encima de nuestras posibilidades, nos obligaron a sufrir en penitencia. Fuimos ambiciosos y nos estafaron los de Gescartera, Fórum Filatélico, Ruiz Mateos y asociados y un sin fin de personas respetables, de los que desconozco sus condenas judiciales. Nos fiamos de nuestros próceres bancarios, a quienes llenamos de medallas y vindicamos como ejemplo, para ver hoy que los mismos que dijeron digo, dicen indecentemente diego. Y de tanto prócer, prueba de estrés y resistencia del mejor sistema bancario del mundo, unos cientos de miles de ciudadanos se convirtieron en accionistas y bonistas bancarios, la mayoría sin saberlo ni quererlo. Hoy pagan amargamente su confianza en una sociedad -políticos, medios de comunicación, intelectuales, clero, sindicatos? -que predicó tantas bondades de sus cajas y bancos.

Pero el poder financiero, los prestamistas y sus servidores son insaciables. Chipre es el ensayo. Y un lenguaraz holandés -dicen que socialdemócrata- aliado de Alemania, desarrolla el nuevo paradigma bancario: ¿Qué podéis hacer para salvar vuestro propio banco? Donde ese vuestro se dirige no a los directivos, accionistas o poseedores de bonos convertibles, sino a quienes apenas eran clientes que pagaban cuanto ese banco les hacía. Para justificar que el Eurogrupo, el BCE, los bancos alemanes, holandeses? nos incauten nuestro dinero. En pura y estricta democracia.