La virtud del presidente

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

No es que Mariano Rajoy sea un tipo con suerte, como algunos quieren creer. Ni que su falta de decisión le lleve a solucionar los problemas. Ni tan siquiera que su sistema nervioso sea de acero. Mariano Rajoy tiene una extraordinaria virtud. Y debemos reconocérsela. Solo una, pero decisiva. La gran virtud de Mariano Rajoy se llama Alfredo Pérez Rubalcaba.

Porque que un presidente de desgobierno como el nuestro, que solo acierta cuando rectifica, que se pasa por Navalcarnero sus promesas electorales, asfixiado por la corrupción y que lleva el país a la situación de desánimo y descrédito en que se halla, tenía que estar ya en Santa Pola contando las olas del mar. Y sin embargo está más fresco que nunca, hablando de Gobierno fuerte y sacándole los colores al adversario. Y animándolo a seguir porque lo hace muy bien.

Ese es el gran mérito y la virtud de Rajoy. Tener a un jefe de la oposición remando a su favor porque no tiene ánimo, ni fuerza, ni ideas, ni autoridad, ni ganas. «La virtud es la ruta más corta hacia la gloria», decía Heráclito de Éfeso. Y la virtud de Mariano, es decir, Rubalcaba, lo va a llevar por el atajo a la gloria. Que ya es mérito.