No quiero que un árbol impida ver el bosque

OPINIÓN

21 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

D ice el refrán popular que rectificar es de sabios. Pero los refranes no dan siempre en el clavo, y algunas rectificaciones pueden deberse a la ligereza o a los errores de información con los que creamos nuestras opiniones. Tal es el caso de la rectificación que ahora voy a hacer, que, lejos de demostrar una actitud sabia, parece deberse a una forma poco cuidada de abordar, por mi parte, cuestiones muy serias.

En mi artículo del pasado sábado había un párrafo que, sin ser central en la argumentación, podía inducir a equívocos, ya que refiriéndome sin citarlo a mi amigo Pepe Cuíña (q.e.p.d.), le atribuí una etapa de dispendios -sede nueva y Audi de lujo- que ejemplificaba el estilo PP a finales de los noventa, durante la ciclogénesis explosiva formada por Naseiro, el caso Gürtel y Bárcenas. Y es la verdad, porque así me lo han dicho y yo lo creo, que el Audi y la sede no pertenecen al mismo mandato, y que esta última fue adquirida con toda regularidad y mediante hipoteca en tiempos de Jesús Palmou, cuando se empezaba a abandonar la etapa del dispendio. Y, pues metí la pata, rectifico el dato. Y no porque sea sabio, sino por todo lo contrario. Aunque también pude comprobar que para la mayor parte de los lectores -salvo quizá los del PP- este error de información no había empañado el fondo del asunto.

El mismo sábado, mientras yo redactaba esta rectificación, el atribulado PP de Rajoy reunía a sus huestes en la intermunicipal de Almería y en el congreso de Galicia celebrado en Lugo, en los que funcionó como denominador común un culto a los líderes y una generosidad de aplauso -efectivamente inmerecido- que pone de manifiesto el desasosiego político con el que empieza el 2013 y la plena conciencia, que ya caló en la militancia, de que están atravesando una crisis de vastas proporciones.

Mi opinión, sin embargo, es que no estamos ante una crisis específica del PP, sino ante la evidente y desgraciada contribución del PP a una crisis generalizada de la política, la cultura cívica y la democracia que solo se puede atajar ganando perspectiva, descartando el oportunismo en las acciones de limpieza y procurando que el tratamiento purificador no se cargue los partidos en vez de acabar con las conductas impropias de los militantes y de los agentes activos de corrupción que operan desde las empresas y los negocios financieros.

Mi deseo personal es que el PP salga con bien de todo esto y se vuelva a ocupar de la crisis, aunque para ello tenga que hacer grandes sacrificios y contundentes ejemplificaciones. Con esta intención escribo -y hoy también rectifico- mis opiniones. Y espero que mi falta no les sirva para creer que los males les vienen de nuestros errores o nuestra inquina. Porque en mi caso, entre los mil reproches que mutuamente nos hemos hecho, me deben aún 999 rectificaciones.