Casi nos habíamos olvidado de que se presentaron a las elecciones prometiendo encontrar salida a la crisis sin tocar a los más débiles. Y de que llegaron a asegurar que todo cambiaría simplemente con el relevo de quienes ocupaban los puestos de decisión.
Pero parecen empeñados en refrescarnos la memoria.
Por ejemplo, con sus forzados argumentos para justificar que el paro haya seguido creciendo o con sus afirmaciones sobre el momento en que dejaremos de caer, que cada día se parecen más a la zanahoria que siempre está un paso por delante del hocico del burro.
Por ejemplo, con una propuesta de reforma de la Justicia que ha conseguido un infrecuente consenso en su contra de los profesionales del derecho.
Por ejemplo, con unas propuestas en el ámbito de la sanidad que han generado airadas protestas entre quienes trabajan para preservar nuestra salud.
Por ejemplo, con unas reformas en la educación cuyo principal protagonista, lejos de buscar el acuerdo, se compara con un toro de lidia.
Por ejemplo, retirando ayudas a la dependencia mientras ofrecen fallidas amnistías a quienes incumplen clamorosamente sus deberes fiscales, mientras permanece la gran bolsa de fraude reiteradamente señalada por los propios inspectores de Hacienda.
Los ciudadanos que aún se resisten a dejar atrás principios como el de que una persona vale lo que vale su palabra, se preguntan a quién sirven quienes no solo hacen lo contrario de lo que prometieron sino que tratan de remover los pilares de áreas tan básicas como sanidad, educación o justicia sin escuchar a quienes saben.