Cuando arrecian los ataques y la prima de riesgo se dispara de nuevo, no estaría de más que dejemos de enviar mensajes que amenazan con echar por tierra el esfuerzo diario de millones de españoles con su trabajo para ofrecer la imagen de que España es un país serio y fiable.
Por ejemplo, presumir de la mejor liga de fútbol del mundo pagada a golpe de talonario mientras los clubes acumulan impagos a la hacienda pública. O que alcaldes que olvidan pagar al fisco lo que deben por su actividad privada se resistan a dimitir hasta que prácticamente los ponen en la puerta de la calle. O que una ciudad que bate récords de endeudamiento siga pugnando por convertirse en sede olímpica. O esperar a las elecciones andaluzas para presentar unos Presupuestos con los que el Gobierno pretende presumir de serio, además de austero. O llamar a las urnas dos veces en siete meses a los votantes de una comunidad por la incapacidad de un presidente para pactar los presupuestos. O que el jefe del Estado se dedique a cazar elefantes en África mientras su país se enfrenta a una grave crisis.
Para que la Corona siga apareciendo en el futuro como la garantía de la estabilidad que ha aportado durante décadas y que justifica su permanencia, se hacen necesarios pasos que aumenten la transparencia sobre las actividades de sus miembros.
Y para que el trabajo de una gran mayoría no se eche a perder por los excesos de unos pocos, urgen también medidas para meter en cintura a quienes contribuyen a proyectar una imagen por la que han llegado a tacharnos estos días de país que solo es capaz de aportar flamenco y vino.